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La conquista del imperio Americano

El poder judío en Occidente y en Oriente 

Por Norberto Ceresole

  Indice - Parte 1 - Parte 2 - Parte 3


 TERCERA PARTE

 EL ESTADO HOMOGENEO UNIVERSAL 

"¡Señores! Estamos situados en una época importante, en una formación donde el espíritu ha dado un salto hacia adelante, ha superado su forma concreta anterior y ha adquirido una nueva. Todo el conjunto de ideas y de conceptos que han servido hasta aquí, los vínculos mismos del mundo, se disuelven y se hunden como la visión de un sueño. Se prepara una nueva salida del espíritu: la filosofía debe saludar su aparición y reconocerla, en tanto otros, en una resistencia impotente, permanecen adheridos al pasado..."

Hegel, Lecciones de Iena, alocución final.

 

Socialismo real = socialismo pagano = Estado primitivo

La caída del sistema socialista se basa en el hecho de que quedó empantanado en una forma anterior de la historia. A esa forma Hegel la llama Mundo Pagano = Estado Primitivo. En lo esencial se trató de un mundo sin individualización (particularización), donde la vida social transcurría en dos planos separados. Lo general (Estado) y lo particular (individuo) discurrían en niveles y en compartimientos estancos: eran dos planos diferentes de la existencia. Finalmente se planteó un conflicto insuperable entre esos dos niveles de la existencia.

El no reconocimiento de lo particular por parte de lo general, excepto como elemento de una relación Esclavo/amo produce insatisfacción. El Esclavo/particular del Estado Pagano Primitivo no es un bürger, un "ciudadano", esto es, un Esclavo-sin-Amo. Este último, el ciudadano, alcanza una satisfacción "razonable". "El Estado primitivo excluye la particularidad; la acción particular será criminal. El crimen = oposición activa de lo Particular en tanto que Particular en el orden social y político (= universal) dada la negación de lo Universal con miras a la Particularidad, es un crimen" (Kojeve, La dialéctica de Hegel, p.112).

 

El marxismo y el fin de la historia

La objetivización soviética del marxismo fue vencida porque había perdido el fervor que la había lanzado como Idea en los comienzos de la revolución. Quiso entrar en competencia con la economía del mundo capitalista sin comprender que, finalmente, la vida social y económica, especialmente el trabajo, son actividades premoldeadas por una cultura. El trabajo humano, a través del cual el Esclavo adquirirá un conocimiento que lo llevará posteriormente a la liberación (en lucha a muerte con el Amo) tiene sentido (es "productivo") sólo dentro de cierta ética y enmarcado dentro de cierta cultura. Y allí se localizó la crisis económica del sistema socialista, en todos los Estados que lo adoptaron. El trabajo humano, bajo todas sus formas concretas y específicas, es expresión de una cultura que impulsa al conjunto histórico/social. Una Idea es siempre la "locomotora de la Historia". Ella representa (reproduce) la vida social real.

 

El socialismo real pretendió representar la forma más avanzada del "progreso" y de la "razón". No rompió -no podía hacerlo- con la cultura del capitalismo, esto es, con la ideología judía que origina al capitalismo. El socialismo real sólo pretendió ser la forma más avanzada de esa ideología, de ese mundo cultural. Bajo esa forma se propone como "ideología universal". "El Dios de los judíos se ha secularizado, se ha convertido en Dios universal. La letra de cambio es el Dios real del judío. Su Dios es solamente la letra de cambio ilusoria... Lo que de un modo abstracto se halla implícito en la religión judía, el desprecio de la teoría, del arte, de la historia... es la virtud del hombre de dinero... La quimérica nacionalidad del judío es la nacionalidad del mercader, del hombre de dinero en general. La ley insondable y carente de fundamento del judío no es sino la caricatura religiosa de la moralidad y del derecho en general, carentes de fundamento e insondables, de los ritos puramente formales de que se rodea el mundo del egoísmo... El judaísmo no podía crear un mundo nuevo; sólo podía atraer las nuevas creaciones y las nuevas relaciones del mundo a la órbita de su industriosidad, porque la necesidad práctica, cuya inteligencia es el egoísmo, se comporta pasivamente...El judaísmo llega al apogeo con la coronación de la sociedad burguesa... (Karl Marx, La cuestión judía).

Pero cuando esa Idea se instala en el "mundo excluido", fuera de las murallas del Castillo, lo hace en forma invertida. Llega a la periferia dependiente no como realidad sino como imagen. La felicidad, el "pleno consumo", es una realidad inalcanzable en la posmodernidad periférica. Lo que es una apropiación en el mundo homogéneo central, queda como mero deseo de apropiación en el mundo "aún empantanado en la Historia". Esa es la crisis de Rusia.

La Idea es el proyecto histórico. Es lo que antecede. Es lo que origina. El mundo material "real" es la materialización de esa idea. La vida material real es el resultado de un estadio previo de acondicionamientos y de deseos. La Idea es anterior a lo "real". El socialismo real quedó prisionero del prejuicio materialista del racionalismo moderno, esto es, del judaísmo propiamente dicho, en tanto ideología fundacional del capitalismo. Concibió una superestructura ideológica relegada al mundo de lo irreal. No se pudo independizar de la filosofía de la Ilustración y del Racionalismo, esto es, del judaísmo.

Esa dependencia del marxismo respecto del racionalismo fue lo que provocó finalmente la crisis del sistema, porque aceptó de hecho la cultura que generó el capitalismo y la ideología "distribucionista" del protestantismo, que ve al hombre como un eslabón racional en un sistema maximalizador de beneficios.

La burocratización del sistema socialista impulsa una concepción por la cual la actividad social e histórica quedaría reducida a un conjunto (muy amplio) de iniciativas materiales racionales. De tal forma, la idea revolucionaria original, el "mito", perdió impulso. El gran proyecto revolucionario dejó de regir el cambio de la historia. El "nuevo hombre" dejó su lugar al cálculo económico: pero la economía socialista no pudo competir con el capitalismo. El valor del trabajo carecía de la proyección de una ética alternativa.

La derrota del sistema socialista demuestra que una forma de trabajo no puede funcionar ni explicarse a partir de la acción impersonal de las "fuerzas materiales". La ausencia de mito elimina el impulso de vencer. "Sólo en el mito reposa el criterio de si un pueblo o un grupo social tienen una misión histórica... Desde la profundidad de instintos vitales reales, no del razonamiento ni de la consideración de oportunidad, surge el gran entusiasmo, la gran decisión moral..." (Carl Schmitt, Sobre el parlamentarismo).

La victoria del "espíritu del capitalismo" se fundamentó en que éste finalmente logró concebir el mundo material de la producción no como "base" sino como "superestructura" de la sociedad. Basó su afán de victoria en una forma cultural modelada sobre la ética judío-protestante. Es por ello que ahora su principal oponente surge de las filas de las religiones identitarias, y de los nacionalismos: dos grandes "mitos" ideo/lógicos de este fin de siglo.

El pensamiento de Marx es parte inseparable del racionalismo del siglo XIX. Conecta a Hegel con el pragmatismo económico inglés. Su pensamiento estuvo contenido, culturalmente, por el "espíritu del capitalismo". "Marx, en su raciocinio, es inglés puro... Aún la moral de Marx es de origen inglés... Su teoría económica es consecuencia de un sentimiento ético fundamental y la comprensión materialista de la historia constituye el capítulo final de una filosofía cuyas raíces alcanzan a la revolución inglesa con sus citas bíblicas que han orientado el pensamiento inglés... Conocía la esencia del trabajo sólo desde el punto de vista inglés, como un medio de adquirir fortuna, como un medio carente de profundidad moral, pues sólo el éxito, el dinero, la gracia de Dios hecha visible, eran de significado ético... Su pensamiento es manchesteriano... Marx ha ampliado a toda la humanidad las condiciones de la Inglaterra industrial... La comprensión materialista de la historia es comprensión histórica inglesa. La manifestación de un pueblo de vikingos y de mercaderes independientes..." (Oswald Spengler, Prusianismo y socialismo).

En función de esa base ideológico/cultural es que el socialismo real no logró generar un modelo económico alternativo. A partir de los años '50 los soviéticos intentaron construir más máquinas y más bienes de consumo que el sistema capitalista. El impulso revolucionario original ya había sido derrotado. Habría que haber construido otras máquinas y otros objetos de consumo. Pero el socialismo real (la sociedad rusa, la sociedad china, etc.) no disponía ni de la filosofía ni de la cultura para encarar esa tarea. Pero sobre todo no disponía de una teología alternativa a la del Antiguo Testamento, punto de confluencia de judíos y protestantes.

Además actuaron -naturalmente- condiciones históricas objetivas. Ni la URSS ni China podían enfrentarse industrialmente al núcleo del capitalismo central. Sólo la nunca realizada revolución alemana podría haberlo intentado, amparada en una filosofía diferenciada respecto de la revolución francesa y del pensamiento económico inglés. Pero la "revolución alemana" no era la del comunismo, sino la del nacional-socialismo. La guerra germano-eslava fue el triunfo del espíritu del capitalismo. Allí se inicia lo que hoy se llama globalidad, esto es, el Estado Homogéneo Universal. La cultura común existente entre el espíritu del capitalismo y el marxismo, es decir, el judaísmo, impidió que el socialismo real desarrollara modelos económicos alternativos.

El llamado "atraso estructural ruso" no fue lo que causó la caída final del socialismo real. La caída de Moscú fue el producto de no haber comprendido la naturaleza de ese llamado "atraso estructural". Fue el producto de la nefasta idea marxista de creer que el capitalismo era la forma superior de producción económica y social.

Esa idea marxista impulsa al Partido a destruir los tejidos sociales "del atraso": es decir, a la sociedad campesina rusa. Para ello el marxismo ruso, que nunca pudo liberarse del pensamiento de su padre fundador, el judío Plejanov, rompe con el llamado "populismo" agrario del siglo XIX. A partir de allí la crisis del socialismo real fue inevitable.

El populismo ruso proponía un camino inverso al marxismo: desarrollar y no destruir las células básicas de la sociedad campesina rusa. El llamado "socialismo real" fue un impulso orgánico judío dentro de una sociedad campesina cristiano-oriental, recubierto por un mesianismo laico (el marxismo-leninismo), que fue la ideología de la inteligentzia sin raíces en el pueblo. Ello no pudo sino producir un socialismo pagano. Esto es, una forma política correspondiente a una cultura "primitiva".

Uno de los principales componentes dogmáticos del marxismo señalaba que todas las revoluciones nacionales y populares debían pasar por el tamiz de la "revolución burguesa", esto es, por la vigencia anterior de un capitalismo dependiente de un centro exterior. Sólo ese estadio generaría condiciones para lograr la victoria, muy posterior en términos de tempos históricos, del socialismo. No podía haber socialismo sin un desarrollo pleno y previo de un capitalismo que, a partir de las condiciones que genera la primera revolución industrial, era necesariamente transnacional.

Es hoy absolutamente claro que Marx, desde su estudio londinense, trataba de subordinar dialécticamente a todos los movimientos nacionales de liberación, desde el subcontinente indio hasta las mesetas mexicanas, a la victoria del capitalismo británico, entendido como la ancha avenida del "progreso universal", en términos del positivismo del siglo XIX. Ese "progreso" era, según él, el único medio de generar proletarios finalmente victoriosos. Desgraciadamente para los miles de millones de desposeídos que se distribuyeron sobre el Planeta, no hubo clase social más fiel a la Corona Británica -especialmente en su fase de expansión globalizante- que el proletariado británico.

La extraordinaria originalidad histórica del Populismo Ruso del siglo XIX, componente histórico esencial de lo que hoy (fines del siglo XX) resurje como nacional-comunismo (en Rusia y en otros Estados de la Mitteleuropa), consistía, precisamente, en que obviaba la etapa "burguesa" de la revolución, y centraba su accionar en una "ida hacia el pueblo", hacia las instituciones comunitarias naturales del campesinado (la obshina) entendido como motor principal de la revolución.

 

Marxismo y religiosidad. Partido e Iglesia

El sistema socialista combatió la religiosidad. La excluyó. La ubicó dentro de la categoría de individualidad (particularidad) y la declaró criminal. Los bolcheviques, decía Spengler, no vieron el poder revolucionario del cristianismo ruso. Ello tuvo tanto que ver con la filosofía del marxismo cuanto con las particularidades religioso/ culturales existentes en Rusia y en Asia (cristianos ortodoxos y musulmanes). Ese fue el punto donde con más claridad se manifiesta la contradicción entre el judaísmo-capitalista y la religiosidad popular campesina, tanto en su variante cristiana cuanto musulmana ("asiática").

Pero en definitiva el sistema socialista solidifica esa visión de "criminalidad particular" desde el punto de vista de su cosmovisión de Estado primitivo/pagano. El Estado primitivo, primero se desentiende del mundo religioso,y luego lo reprime. No es que no lo quiera: no puede aceptarlo, porque lo particular y lo general son dos niveles opuestos de la existencia. Ello contribuye a incrementar el límite de la insatisfacción del ciudadano particular. El marxismo ruso-occidental no pudo ver en el cristiano la materia prima del revolucionario. No pudo comprender que la desdicha del mundo cristiano prepara la revolución.

"El Cristiano es el Pagano devenido conciente de su insuficiencia; pero en tanto que cristiano, permanece en un estado de desdicha. Pero ve también el conflicto, lo vive y es él quien prepara la revolución... La conciencia cristiana es una conciencia desgarrada. Mundo de descontentos, de pre/revolucionarios..." (Kojeve, op. cit.). Desde esa conciencia desgarrada, desde ese mundo pre/revolucionario puede surgir ahora una verdadera cultura resistente ante la victoria provisoria del liberalismo. La Teología y la Profecía católicas visionaron la nueva forma que hoy adopta la historia: su forma homogénea universal. Es el tiempo del Anticristo: "El Anticristo usurpará simplemente este ideal de unidad del género humano en la institución perversa del Imperio Universal..." (Leonardo Castellani, El Apokalipsis de San Juan, 248).

En las Profecías, el Anticristo está representado por la Fiera del Mar, con una fuerza militar implacable fundamentada en el poder naval. Ese poder naval/militar se expanderá: "Tendrá por todas partes ejércitos potentes, disciplinados y crueles... Ya no habrá guerras extranjeras: la contraparte es que habrá operaciones policiales que serán peor que la peste" (Leonardo Castellani, op.cit.).

 

La estructura básica del discurso del "fin de la historia"

Occidente en su conjunto pretende estar ya más allá del "fin de la historia.

"Por lo tanto las guerras y revoluciones son de ahora en adelante imposibles. Es decir, que ese Estado (Homegéneo y Universal) no se modificará más, permanecerá eternamente idéntico a sí mismo..." (Kojeve, 158).

Las características principales del "momento" llamado Fin de Historia, son las siguientes:

* Existencia de un grupo de Estados y Sociedades (los "realmente significativos") donde se ha eliminado el conflicto. La nueva dogmática señala que en esos Estados -y entre esos Estados- se han generado las condiciones para la potencial absorción de todos los conflictos. Los conflictos remanentes dentro de los "Estados del Fin de la Historia", son el producto de su propia premodernidad, como por ejemplo, la mala relación de los negros y chicanos norteamericanos con la ética protestante del trabajo.

* En el espacio y tiempo del "Fin de la Historia" no debería haber ya más ni "guerras ni revoluciones". Los conflictos se plantearían desde esa área hacia las zonas del mundo aún "empantanadas en la Historia". Los conflictos principales remanentes entre los "Estados del Fin de la Historia" y el resto del mundo son producidos por el nacionalismo y la religión. Ambos son hoy las contradicciones principales porque el racionalismo sistémico del marxismo ha sido vencido.

* La eliminación/absorción de conflictos se lograría a partir de un generalizado "estado de satisfacción" del tipo de ciudadano que se origina en la Revolución Francesa, el Imperio Napoleónico y la sucesiva extensión del igualitarismo protestante norteamericano.

* En el grupo de Estados "del fin de la Historia", los "ciudadanos satisfechos" reducen sus acciones humanas a la actividad económica primaria. Lo único que permanece como estructura social es esa actividad económica primaria. En el Estado Homogéneo Universal no hacen falta ni generales ni hombres de Estado, ni artistas ni filósofos. Sólo técnicos y científicos relacionados con la actividad económica.

* "El fin de la historia será un tiempo muy triste". El final de la historia es el final del pensamiento y del arte. El final de la creación humana. Es la forma final de gobierno humano. El EHU disuelve las contradicciones, satisface las necesidades por la vía del consumo o por la vía abstracta del deseo de consumo. El Fin de la Historia es "... el último paso de la evolución ideológica de la humanidad y de la universalización de la democracia liberal occidental, como forma final de gobierno humano" (Fukuyama).

* La victoria del liberalismo se produjo inicialmente en el campo del conocimiento, fue una victoria cultural. "Sigue siendo incompleta en el campo del mundo material. Pero hay poderosas razones para creer que será el ideal que gobernará el mundo material a largo plazo."

 

Verdad y realidad

La nueva forma que adoptó la Historia, antes de la generalización de los conflictos, produjo un retorno al concepto hegeliano de realidad. Ello genera un efecto específico en las sociedades ubicadas en la periferia del mundo "aún empantanado en la historia". Allí se invierte y se transforma el concepto de realidad. La vida cotidiana ya no es aquello que existe. La vida cotidiana comienza a estar gobernada por una imagen, que habla de lo que se supone debe ser la vida en función de la satisfacción por el consumo.

La sociedad es gobernada por la imagen de "...una cultura de consumo verdaderamente universal, que se ha convertido, a la vez, en símbolo y fundamento del Estado Homogéneo Universal" (Fukuyama).

El deseo de acceder a una cultura de consumo universal es lo que determina la realidad de la vida social del mundo periférico/excluido. Ese deseo es más fuerte que cualquier forma de esperanza, ya sea antropológica o teológica, que era el núcleo del proyecto que ofertaban las fuerzas revolucionarias. La "libertad de comercio" es defendida con pasión por vendedores callejeros en estado de desnutrición física y moral. Obreros y pensionados al borde del hambre votan por candidatos que prometen inserción en el modelo de consumo universal.

El nuevo nivel de realidad, en el mundo excluido, es un deseo, una idea aún no realizada orientada a insertarse en una corriente de consumo universal. El ha reemplazado al concepto de realidad anclado en la "vieja dignidad de la vida". En la periferia empantanada de la historia, la vida no es lo que existe sino lo que se supone debe ser según la imagen introyectada del consumo universal. En la hora de tomar decisiones políticas pesa más en la opinión pública (y especialmente en los sectores sociales más "bajos") las promesas de un ministro de economía lanzando imágenes futuras de satisfacción, que las angustias económicas actuales y cotidianas. Lo real es la promesa de felicidad, no el dolor actual.

Esa transmutación del concepto de realidad sólo es posible porque una Idea está gobernando el mundo material. Sin embargo, en esa dicotomía entre deseo y apropiación, está ubicado el límite del actual momento histórico. Ya nos encontramos en esa zona fronteriza que está signada por la extensión de los conflictos y la "feudalización" del sistema internacional en su escala global.

El concepto de "Fin de la Historia" estuvo en el núcleo del pensamiento marxista y es la base de todas las Teologías monoteístas. "No se puede hacer ni pensar la Historia sin pensar en su fin, el cual en todo momento gobierna la dirección. La filosofía de la historia es simplemente imposible sin la Teología y, nominalmente, sin la Profecía" (Leonardo Castellani, op. cit.).

Para Hegel y Fukuyama el fin de la historia es el triunfo de la forma final racionalizadora de la sociedad y del Estado. Desde la batalla de Iena hasta hoy, la historia de la humanidad no es más que una extensión de los principios del liberalismo. "Las distintas provincias de la civilización humana alcanzaron el nivel de Norteamérica, que se halla a la vanguardia de la civilización, y se vieron obligadas a poner en práctica su liberalismo" (Fukuyama).

Así, en un sentido muy estricto, el Estado Homogéneo Universal es una "proyección de poder" del Estado norteamericano. Liberal, judío-protestante y capitalista. La forma del Estado determina la realidad de la sociedad, mientras la Idea predomina y contiene.

 

La organización de la actividad económica primaria

Es una figura que permanece relativamente oculta en el discurso. Es una superestructuración económica del capitalismo a través de conglomerados empresariales que están en condiciones de unificar sectores del mercado mundial. Sin embargo no existe un único centro de decisiones en esa superestructuración. Hay contradicciones entre varios centros de gravedad. Cada uno de esos centros decisionales abarca regiones geopolíticas con potenciales zonas de conflicto dentro del Estado Homogéneo Universal. Esto señala que el conflicto no ha sido totalmente eliminado. Alemania y Japón son sólo dos dentro de muchos otros puntos de inflexión. Esas "fronteras de crisis" pueden señalar el camino de un retorno a la Historia por la vía de conflictos no resueltos.

La existencia de conflictos dentro del EHU revelará que la realidad no está acabada, y que guerras y revoluciones serán aún posibles.

Pero el hecho que nos afecta es que luego de ponerse en marcha un amplio proceso que intentó darle coherencia y orden a los hechos de la historia, se invirtió la marcha, y el sistema internacional se encuentra enfrentado a conflictos globalmente desestabilizadores. La victoria del liberalismo sobre el marxismo, para Fukuyama, fue la victoria ante el Apokalipsis de la guerra nuclear. Sin embargo, nunca estuvimos tan cerca de esa guerra como en los momentos actuales, luego de la caída del sistema soviético. El triunfo del liberalismo pretendió demostrar, ante todo, el agotamiento total de alternativas sistémicas a su propio mensaje. Y ello no era una alternativa contingente. Fue pensado como el final de la historia en sí, es decir, "...el último paso de la evolución ideológica de la humanidad y de la universalización de la democracia liberal occidental, como forma final de gobierno humano" (Fukuyama).

 

Los conflictos dentro del "Mercado Común de los Estados"

La "profecía liberal" sostiene que entre los Estados que están en el "fin de la historia", existirá una probabilidad cada vez menor de que se produzcan conflictos a gran escala. La "profecía" sostiene que los conflictos se localizarán entre esos Estados poshistóricos y los Estados históricos. Entre racionalismo y religión.

El mundo estaría dividido entre una parte histórica (atrasada, excluida, subdesarrollada, dependiente y religiosa) y una parte poshistórica: el Mercado Común de los Estados. Entre ambas partes habrá una frontera de conflictos, y serán engendrados por dos factores básicos: la religión y el nacionalismo.

Ambos factores tienden a conformar una unidad sistémica en el plano de una cultura resistente ante el nuevo proyecto devastador del Imperialismo Oceánico. Un proyecto cultural resistente ante la "Fiera del Mar", que exige disponer de una visión de la historia que también incluya un cierre. Y no sólo una esperanza meramente antropológica. Ella ya no alcanza, aún en su versión más elevada, que es la de Ernst Bloch (Das Prinzip Hoffnung). No alcanza porque la "profecía liberal" anuncia una destrucción y una desolación muy grandes: "La abominación de la desolación". La esperanza antropológica del judío-marxista-alemán Ernst Bloch debe ser reemplazada por una esperanza teológica, por una Parusía con proyecciones sociológicas. Esa desolación infame exigirá una restauración absoluta. La Parusía es la forma que adopta la esperanza de los oprimidos en los tiempos actuales, que son terminales.

Para salir de la desolación es necesario aceptar que todo Estado nacional individual debe incluir el principio de "satisfacción de sus ciudadanos". Pero no el principio "burgués" de satisfacción que conduce al no/Esclavo. Hablamos de un principio de satisfacción en que el Esclavo devenga libre a través de una lucha a muerte contra el Amo.

El alineamiento con el Amo conduce inevitablemente a la etapa del espanto. "El fin de la historia será un tiempo muy triste" (Fukuyama). El mundo poshistórico será azotado por grandes males. El mundo prehistórico vivirá de una falsa ilusión. A él le será escatimado el nivel de realidad. No podrá vivir en la modernidad pero fingirá hacerlo.

En el mundo poshistórico, en el "Mercado Común de los Estados" finalizará, falsamente, la dialéctica Amo/Esclavo: "La lucha por el reconocimiento, la disposición a arriesgar la propia vida en nombre de un fin puramente abstracto, la lucha ideológica universal que daba prioridad a la osadía, al atrevimiento, a la imaginación y al idealismo, se verá sustituida por el cálculo económico... En la era poshistórica no existirá ni arte ni filosofía; nos limitaremos a cuidar eternamente de los museos de la historia de la humanidad" (Fukuyama).

 

La profecía liberal del "fin de los tiempos"

Así, el discurso racional/universal finaliza dejando al hombre en la más abominable de las angustias. Ante una tribulación tan grande, casi todas las fidelidades estarán a punto de perecer.

La victoria del Estado Homogéneo es una destrucción bajo la forma de creación. Será el falso imperio mundial. "Tendrá en todas partes ejércitos potentes, disciplinados y crueles...y en ninguna región del mundo podrán escapar los hombres a la coacción de ese culto" (Castellani).

Desde el pensamiento católico, y tanto desde la Teología como desde la Profecía, se tenía conocimiento de que la Fiera del Mar -Capitalismo- destruiría a la Fiera de la Tierra -Comunismo- (Ver: Leonardo Castellani, op. cit.).

Hegel, en su Fenomenología, subraya que el Emperador, el "Gran Racionalizador", el que "Cierra la Historia", es la encarnación del Pecado, el Anticristo. La interpretación que hace Castellani del Apokalipsis es clara: el triunfo de la "idea occidental" es el inicio de la más grande tribulación en la historia de los hombres. El EHU es una falsa profecía. En definitiva no será otra cosa que una "felicidad nefanda" (Castellani). Será un reino de canallas y falsos profetas. El placer de la posmodernidad se realiza bajo la supresión de la conciencia.

 

Historia, fin de historia y retorno a la historia

El Esclavo del Estado Homogéneo Universal se institucionaliza en la figura del Estado dependiente. Pero éste no debe aferrarse a una resistencia impotente, y permanecer adherido al pasado (Hegel). A partir del derrumbe del sistema soviético no podrán existir los sistemas pagano/primitivos, las sociedades que eludan la necesidad de la satisfacción particular.

La forma patológica que un Estado puede asumir para buscar reconocimiento y satisfacción para sus ciudadanos es la del alineamiento automático. Ella no modifica el status del Esclavo. El Esclavo no obtiene reconocimiento. Finalmente tampoco obtiene satisfacción. No hay trabajo, ni conocimiento, ni lucha a muerte contra el amo. No hay liberación.

El Estado excluido debe disponer, en primer lugar, de un modelo cultural resistente y sistémico. Ese modelo debe incluir la satisfacción de lo personal en un ámbito no destructivo. Ese ámbito será lo que lo diferenciará de la destrucción y la desolación que implica la esclavitud del alineamiento automático.

El modelo cultural resistente y sistémico, en esta nueva etapa de la historia, será nacionalista con proyección religiosa. Nacionalismo y religión son los dos únicos procesos sociales no absorbibles por el Estado Homogéneo Universal.

Si en 1806, como sostiene Hegel, se produce un cierre de la Historia, tres Estados europeos se relacionan de tres maneras distintas con el imperio napoleónico. Así quedan determinados tres modelos distintos de conflicto militar, que son tres formas diferentes de relacionamiento entre Estados en-la-historia y Estados poshistóricos.

Hay un conflicto entre España y la Revolución Francesa, un conflicto entre Rusia y la Revolución Francesa y, finalmente, un conflicto entre Prusia y la Revolución Francesa (la Revolución Francesa objetivada en el Estado Homogéneo Universal napoleónico).

A partir de ese conflicto, España y Rusia quedan "empantanadas en la historia", conforman una resistencia impotente (Hegel) ante el Imperio porque "permanecieron adheridas al pasado" (Hegel). Luchan contra el Imperio para restaurar el pasado, no para superarlo. Vuelven atrás: su resistencia fue victoriosa pero impotente.

Por el contrario, Prusia, venciendo también a Napoleón, se integra "en el fin de historia napoleónico", alumbrando una nueva Nación, Alemania, con capacidad de competir por el control de Europa y el dominio del mundo. Y lo hace porque, a diferencia de las religiosidades primitivas de Rusia y España, Prusia había elaborado una forma especial de enemistad, apoyada en una filosofía que había absorbido -y no meramente rechazado- a la Ilustración Francesa. Había logrado pensar la lucha contra el Imperio sin caer en retrocesos históricos, superando al Imperio. En Prusia, la espada se había fundido con la filosofía y con la Teología. Y de allí surgen no sólo guerreros desesperados, sino generales pensantes.

Clausewitz es uno de los exponentes de esa forma de enemistad fundada en la Wahrheit (verdad objetiva) hegeliana. "La de Prusia -dice Carl Schmitt- era una auténtica enemistad, un instinto filosóficamente fundado. La enemistad española, en cambio, era un puro instinto" (Clausewitz como pensador político).

"Fichte ha formado el espíritu de las guerras alemanas de liberación contra Napoleón por lo menos en lo que respecta a Prusia". La fundamentación de una enemistad desesperada en una Gran Idea fue lo que logró el milagro del renacimiento militar luego de la derrota. La élite militar que reconstruye el Estado y la Nación "...habían encontrado en Koenigsberg y en Berlín el contacto con la filosofía del idealismo alemán... La filosofía del idealismo alemán tenía conciencia de su superioridad, como Idea, respecto del Iluminismo francés del siglo XVIII. Una filosofía revolucionaria, desde Prusia, se enfrentó con el ex/revolucionario (Napoleón), con la pretensión de comprender a Rousseau, a la revolución y a su hijo, mejor de lo que ellos se comprendían a sí mismos" (Carl Schmitt, op. cit.).

Spengler hace referencia al "modelo ruso" de no entrar en la historia. Define el incendio de Moscú como una "obra grandiosa de un pueblo primitivo". El pueblo ruso se vio obligado a entrar en una "falsa historia" ajena totalmente a su realidad social y religiosa.

El modelo prusiano de reingresar en la historia parte de asumir la dialéctica Amo/esclavo. Es el modelo que se contrapone, por excelencia, al alineamiento automático, que sostiene que el ingreso en la historia se tiene que dar por ósmosis, ésto es, sin modificar los status ni del Amo ni del Esclavo. El alineamiento automático hace que el Esclavo no devenga Amo. El Esclavo sigue sin ser reconocido por el Amo, en la medida en que no hay liberación sino, a lo sumo, supresión.

La supresión origina un nuevo Amo y un pseudo Esclavo, por lo tanto sigue sin haber reconocimiento ni satisfacción. "El Esclavo no se libera sino para ser libremente Esclavo, para ser más esclavo aún de lo que era antes de haberse formado la idea de la libertad" (Kojeve, op. cit.). El alineamiento dependiente es la puerta falsa del reingreso en la historia.

 

Los movimientos de la historia y la geopolítica del "último hombre"

La importancia de la crisis general que hoy se vive en Europa, y entre Europa y el Asia central, radica en la posibilidad -cada día más evidente- de que ella se convierta en el freno que revierta el "...impulso humano fundamental que ha provocado las revoluciones liberales de fines del siglo XX" (Fukuyama, Le début de l'Histoire)

El proceso que originó el concepto de Nuevo Orden Mundial, íntimamente ligado a la filosofía del "fin de la historia" es indisociable de la desintegración estatal del comunismo soviético. Sin la menor duda, la idea de "fin de la historia", que se usó con toda claridad para señalar la vigencia de un Nuevo Orden Mundial bajo la primacía absoluta del capitalismo y del liberalismo, tiene un fundamento político y geográfico perfectamente determinado. No estaba evidentemente referida a países relativamente periféricos como Taiwán, España o Corea del Sur.

Sólo la crisis del Estado Soviético podía asegurar que el "triunfo del liberalismo" constituiría un hecho universal, y que a partir de allí comenzaría, en verdad, el "fin de la historia".

La crisis que actualmente sacude a los cimientos de la ex/URSS, pero sobre todo la emergente en el Mediteráneo oriental y el Asia central, y que encierran importantes derivaciones militares para la totalidad del planeta, no es sólo una cuestión que atañe simplemente a una reestructuración del sistema internacional. Es también un enorme desafío filosófico y, sobre todo, teológico. La evolución de esa crisis nos brindará la posibilidad de asistir al final de una época.

Si en verdad la crisis que se ha establecido entre el mundo judío y el "mundo gentil" (a través, curiosamente, de la eclosión islámica) deriva en una confrontación militar a escala europea o global, podremos atestiguar, sin margen de error, que las fuerzas del nacionalismo fracturaron al Nuevo Orden Mundial. Esto quiere decir que no habrá hegemonía liberal porque la opción capitalista no es aceptada universalmente. La trascendencia de este hecho es de una evidencia sin precedentes. Tal vez estemos en vísperas de asistir a la "emergencia internacional" más importante de la historia de la humanidad. Los cambios que ella podría introducir en nuestra vida nacional (y en nuestra vida cotidiana) serían inéditos y trascendentes.

En la coyuntura crítica que abrió la IIGM compitieron básicamente tres grandes pensamientos sistémico/universales. En la actualidad se trata de saber si el único de los supervivientes, el liberal/capitalismo, está en condiciones de constituirse en ideología auténticamente universal y hegemónica. Si ello ocurriese, entonces, en verdad, estaríamos ante el "fin de la historia".

La desintegración del comunismo soviético no parece ser la antesala de un nuevo "mundo feliz". Fue la liberación de una crisis aún más universal: una crisis que divide dos mundos en términos teológicos. En la misma y exacta medida en que el comunismo burocrático fue lo más lejano que se pueda imaginar del "paraíso sobre la

tierra". La crisis que estamos observando, precisamente, surge de la creciente inadaptación de sociedades enteras al nuevo orden liberal/capitalista que se suponía triunfador en la escala universal. De esa inadaptación surge una nueva ideología de base religiosa.

El Nuevo Orden Mundial está tropezando con la principal rugosidad de la historia: las religiones resistentes al "universalismo" judío-capitalista. La existencia de un "estado de guerra" en grandes regiones del mundo, de gran significación estratégica, implica que millones de hombres, que habitan una geografía geopolíticamente valiosa, se están resistiendo a las consecuencias del vasto impulso histórico que generó las revoluciones liberales de los últimos años.

Los grandes conflictos intra e inter-religiosos que conmovieron a la humanidad expresaron diferenciaciones raciales: el cristianismo romano "occidental" respecto del mundo judío-oriental y, aún, respecto del propio cristianismo oriental original; el Islam "organizado" de los Omeyas respecto del "anarquismo" irredente de los "beduinos" (pastores) chiítas, la guerra civil alemana de los "treinta años", sur católico versus norte protestante, o más bien: tribus germanas romanizadas contra tribus germanas "bárbaras", y así un larguísimo etcétera.

Una etnia es un subconjunto humano dentro de una raza. Y son las razas -entendidas como un conjunto de etnias- las que producen las grandes culturas, es decir, las religiones. ¿Cómo separar el Islam de la raza productora de esa religión: los árabes, un verdadero conjunto de etnias? El mismo concepto es aplicable a todas las grandes religiones existentes hoy en el mundo. "Los hombres no se entregan a Dios en abstracto... sino como entidades absolutamente concretas, como individuos, y además como individuos que viven en una colectividad, inmersos en una situación religiosa. Ahí acontece el hecho de la diversidad. Cada religión está inscrita en su situación religiosa..." (Xavier Zubiri, El problema filosófico en la historia de las religiones, Alianza, 1994, p.120). Cada raza conforma una diferenciación: "Son cuerpos sociales absolutamente distintos, y es natural .... que lleven a religiones distintas".

La religión es siempre de un pueblo, de alguien, ".... Una religión es esencial y formalmente nuestra religión... Por "nuestra" se entiende ante todo que pertenece a ese pueblo. Esto es lo que constituye su diferencia, su estructura formal. Y a este no hace excepción ninguna religión en la historia. Ni tan siquiera la religión de Israel. La religión de Israel es universal sólo al final, poco tiempo antes de Cristo. A ningún israelita del tiempo de Jeremías o del tiempo de los profetas anteriores se le ha ocurrido pensar que el yahvismo es una religión a la que debe acceder todo el mundo. Al contrario: es la religión de ellos, de Israel. Solamente al final aparece cierto universalismo, y en forma muy determinada: se trata de un universalismo cuyo centro es sin embargo el propio Israel. Tampoco el cristianismo... hace excepción a esto, pues la vida de Cristo sobre la tierra no es una 'comedia'. Cristo quiso convencer de su función y de su persona a los israelitas. Si hubieran creído en él, la función de la religión de Israel hubiera sido esencialmente distinta de la que ha sido después. Ninguna religión hace excepción a este carácter de ser nuestra religión" (Zubiri, 121-122).

La historia corre a una velocidad vertiginosa. Cuando aún no se acallaron los ecos de esa revolución liberal, que fue legítima porque fue real (y fue real porque fue necesaria), comienzan los estertores del sistema liberal. Nacimiento y muerte casi se confunden en lo que en verdad es un espacio infinitesimal de la historia humana. El impulso desestabilizador de la "revolución liberal" no se pudo consolidar como sistema social, como forma estable de vida.

Son muy pocos los observadores que perciben que en los tiempos recientes, y en un lapso inéditamente breve, se produjeron dos grandes impulsos históricos: el que aseguró la revolución liberal y el que comienza a resistirse a la vigencia del sistema liberal. Este último se verifica bajo el aspecto de una guerra religiosa contra el etnocentrismo racionalista europeo.

La guerra es la forma que adopta la desesperanza. Las antiguas sociedades socialistas, al igual que la totalidad del llamado mundo excluido comenzaron a vivir (o continuaron viviendo) un capitalismo patológico, mafioso y corrupto, y un liberalismo que incluyó la humillación nacional y el vaciamiento cultural. Para esos Estados y para esos pueblos, el "nuevo orden" vino a re/destruir la vieja dignidad de la vida. Entraron en lo que se dio en llamar el "fin de la historia" bajo la más profunda corrupción y desdicha. Bajo la apariencia de una obra constructiva, el Estado Homogéneo Universal esconde la más profunda destrucción: "Los pecados se hacen hondos porque triunfan en sus empresas temporales" (Leonardo Castellani).

La respuesta de los pueblos a la desdicha es la guerra. Ella significa el rechazo a las consecuencias de la democracia liberal y, consecuentemente, a la vigencia universal de un nuevo orden capitalista. Para Hegel la Historia está fundada en una lucha por el reconocimiento. El significado de esta concepción está en el comienzo de la historia, es decir, en el "primer hombre". El autor de la Ciencia de la Lógica concibe el estado de naturaleza ubicado en las antípodas del concepto "naturaleza humana permanente e inmutable". Por el contrario, el "primer hombre" ingresa en la historia libre y no determinado. Crea su propia naturaleza en el curso de los tiempos, es decir, a través de la evolución de la Historia.

El "primer hombre" de Hegel se diferencia del estado de naturaleza animal porque desea "objetos no materiales". Sobre todo desea el reconocimiento de otros hombres. Este deseo de ser reconocido como hombre por parte de otros hombres es lo que constituye su identidad. En función de esa característica exclusivamente humana los hombres son capaces de arriesgar su vida.

El encuentro del "primer hombre" con los otros hombres conduce a una lucha violenta, en la cual cada combatiente busca imponerse al otro para que lo 'reconozca'. En esa lucha pone en juego su propia vida. Los seres humanos son orgullosos de ellos mismos y su orgullo los conduce no a una sociedad apacible, sino a una constante lucha a muerte por la adquisición de "prestigio". El comienzo de la Historia, para Hegel, es una batalla por el reconocimiento.

Este "comienzo de historia" está planteado de manera muy diferente en la filosofía anglo/sajona, el principal producto del racionalismo judío, que está en la base del liberalismo norteamericano. La filosofía anglo/sajona, impregnada de mesianismo viejo-testamentario, reemplaza el deseo de reconocimiento (que implica un combate a muerte) por el deseo de conservación física. Es en esa proyección cultural que el último hombre, nuestro contemporáneo, se siente definitivamente reconocido. Pretende conservarse a perpetuidad. Es un producto final, usuario de sí mismo.

Sin embargo también Hobbes comienza la historia a partir de una guerra de cada hombre contra cada hombre. Pero la diferencia fundamental entre Hobbes y Hegel reside en que el primero no encuentra ningún elemento de redención moral en el orgullo del Amo. Por el contrario, la violencia que separa al Amo del Esclavo es la causa de toda miseria humana. Hobbes pretende crear una situación contraria a la "ley natural", una situación que comience por preservar la propia existencia física de los individuos.

El instinto de conservación es el hecho moral fundamental de la filosofía anglo/sajona, base del liberalismo norteamericano. Todas las ideas de justicia y de derecho son fundadas en la búsqueda racional de la conservación. Toda esa Weltanschauung tiene su origen en un "primer contrato" entre el "hombre elegido" (el Amo propiamente dicho) y Yahvé. Hobbes, Locke y los redactores de la Constitución Norteamericana sostienen que el único gobierno legítimo es aquel que puede proteger la propia vida de manera adecuada. La teoría de la sociedad liberal sostiene que los hombres deben reconocer, a cambio de la seguridad para su vida y sus propiedades, la injusticia de su orgullo y de su vanidad. El Estado liberal propuso originalmente la subordinación de la voluntad de reconocimiento a una especie de "deseo racional", al "interés bien entendido" de Tocqueville.

Hegel concibe la democracia liberal moderna en términos diferentes a los de Hobbes y Locke. Ese es el punto que diferencia la civilización germánica de la civilización occidental, propiamente dicha. Cuando Spengler se refiere a la civilización germánica como "fáustica", está señalando esa profunda diferencia con Occidente. La civilización fáustica asume el cristianismo del Viejo Testamento como algo exterior a sí misma: ese ensamble con ese cristianismo no elimina del todo sus orígenes paganos, como ocurre en el "verdadero" Occidente romano o romanizado. Locke enuncia principios liberales de los cuales va a nacer el producto típico de esa sociedad: el "burgués". El burgués es "una enfermedad" que se ocupa de su propio bienestar material. El no se consagra ni a la virtud ni al bien público: es un egoísta. Por el contrario, Hegel ofrece una concepción de sociedad liberal "fundada sobre la parte no egoísta de la personalidad humana y busca preservar esa parte como núcleo del proyecto político moderno" (Fukuyama, op. cit.).

 

Liberalismo hegeliano y liberalismo anglo/sajón

Esa concepción alternativa del liberalismo que ofrece Hegel "es a la vez más noble y más pertinente" (Fukuyama). Para él la batalla por el reconocimiento no se acaba en una batalla principal sangrienta sino que continúa por el resto de la historia de los hombres. Esta batalla no se resuelve organizando la sociedad civil, como pretendían Hobbes y Locke, sino en la construcción y consolidación de un mundo dividido entre Amos y Esclavos.

El liberalismo hegeliano es más honesto que el liberalismo anglo/sajón original. El "idealista" Hegel describe con el máximo de realismo la situación política contemporánea. El mundo es un mundo dividido, son "dos mundos". El mundo de los amos y el mundo de los esclavos. Este último está conformado por aquellos individuos, sociedades y naciones que no han luchado, cediendo al temor natural a la muerte.

Todas las sociedades existentes en el curso de la historia humana fueron inigualitarias. La desigualdad genera sociedades -y sistemas internacionales- inestables. La inestabilidad surge de la inexistencia de reconocimiento hacia el mundo de los esclavos. La sociedad liberal que nace de la revolución francesa y de la revolución americana pretende basarse en un arreglo recíproco entre los ciudadanos, que debería incluir el reconocimiento mutuo.

No es casual de que fueran los judíos el primer grupo humano en el mundo moderno en constituirse en "burguesía". Ellos eran el pueblo elegido, luego adquirieron naturalmente la "conciencia dominante" y finalmente se convirtieron en "clase dominante" (1) porque previamente se habían autoasumido como pueblo, es decir, como raza dominante (2). La esencia del dominio o de la dominación en la historia (la vieja dialéctica hegeliana de la relación amo-esclavo) es, en primer lugar, el ejercicio de una superioridad racial (3) proveniente de una autoconciencia de superioridad espiritual, en este caso, de origen teológico.

Hubo un judaísmo sin tierra, sin lengua y sin Ley. Fue el judaísmo de la Diáspora. Fue un judaísmo sin historia. "El pueblo judío no posee cronología propia para contar sus años. Ni el recuerdo de su historia ni las épocas que jalonaron sus legisladores le sirven de medida del tiempo porque el recuerdo histórico no representa aquí un punto fijo en el pasado al cual pueda sumársele un año más por cada año que pasa. El pasado es más bien un recuerdo que siempre está a la misma distancia, un recuerdo que no es un hecho pasado sino una realidad eternamente actual: cada individuo considera la salida de Egipto como si él mismo hubiera salido con ellos. No hay legislador a quien quepa el honor de haber renovado la ley con el paso del tiempo: hasta lo que se representa como novedad hay que entenderlo como estando ya presente y escrito en la ley eterna y revelada" (4).

Ahora hay un judaísmo con tierra, lengua y Ley. Es decir, un judaísmo histórico. Hay un paralelismo casi abrumador entre el retorno de la élite hebrea de Babilonia, y la llegada del sionismo a Palestina. En ambas coyunturas los israelitas tuvieron dos posibilidades. Dedicarse a rehacer el templo y restaurar las grandes tradiciones religiosas de Israel, lo que significaba incrementar los rasgos diferenciados del judaísmo, o bien no construir un Estado y marchar al desierto para la práctica escrupulosa de la Ley.

En ambos momentos históricos optaron por la primera opción. En ambos momento hubo una renovación del Pacto, es decir, una reconstrucción del Templo, o sea: la guerra contra los otros. Hay un hilo invisible que une a Esdras con Netanyahu. "Y por eso Israel se va a referir a Dios no solamente como nación sino como una cosa distinta, que no es ni nación ni pura comunidad religiosa, sino iglesia nacional. Ahí es donde está la gravísima nueva situación que a Israel se le va a plantear... Dios aparece no solamente como Dios del cosmos y como Dios de la historia de Israel, sino como Dios de la historia entera" (Zubiri, op. cit, pgs. 224-225)

"La autoconciencia de los judíos como 'pueblo elegido' fue en parte aceptada y en parte rechazada por los cristianos... En la Europa del medioevo los judíos -en parte libre y en parte forzosamente- constituían por lo general minorías mercantiles, y fueron así un elemento imprescindible en la formación de la economía monetaria y del 'capitalismo'" (5).

 

Esa sociedad liberal con un núcleo teológico original no elimina la desigualdad, sino que la racionaliza. "El Estado democrático liberal nos estima según nuestro propio sentido del mérito, del mérito que nosotros nos atribuimos" (Fukuyama). Esta estima del Estado hacia el individuo también proviene del "contrato original". Pero esto no significa que el liberalismo organice sociedades igualitarias. Todo lo contrario, significa que reconoce el principio por el cual cada persona, cada sociedad y cada nación se valora a sí mismo en forma desigual. De tal manera que la distribución de reconocimiento es desigual en el sentido de que cada autopercepción es desigual. El liberalismo moderno aplica el siguiente principio: "A los iguales, cosas iguales; a los desiguales, cosas desiguales" (F. Nietzsche, El ocaso de los ídolos). Junto con Nietzsche la moderna sociedad liberal proclama algo que el judaísmo había comprendido desde sus orígenes: "que ésta es la verdadera fórmula de la justicia".

El principio judaico de no igualar nunca cosas desiguales, está en la naturaleza de la democracia moderna, ya sea que ésta funcione en el interior de un Estado o en el plano de las relaciones inter/nacionales. Quien no tiene reconocimiento (poder) es quien no necesita reconocimiento. Una nación no reconocida no busca ser reconocida. Una clase social postergada es "feliz" en su marginalidad. Una raza excluida no necesita otro lugar en el mundo. Bajo este principio las potencias triunfantes en la segunda guerra civil europea organizan la "partición" de Palestina en 1947.

La ideología liberal moderna parte del "primer hombre" hegeliano para llegar al "último hombre" nietzschiano. El primer hombre encuentra su naturaleza en la historia, el "último hombre" encuentra su realización en la dominación.

"¿Qué es lo bueno? Todo lo que eleva en el hombre el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo.

"¿Qué es lo malo? Todo lo que proviene de la debilidad.

"¿Qué es la felicidad? El sentimiento de lo que acrece el poder: el sentimiento de haber superado una resistencia.

"No contento, sino mayor poderío; no paz en general, sino guerra; no virtud, sino habilidad... Los débiles y los fracasados deben perecer... Y hay que ayudarlos a perecer" (Nietzsche, El Anticristo).

El Estado Homogéneo Universal es una sociedad internacional eminentemente jerárquica y desigual. Es la consecuencia última última del "contrato original": "La igualdad, una cierta efectiva asimilación que se expresa en la teoría de los derechos iguales, es esencialmente propia de la decadencia: el abismo entre hombre y hombre, entre clase y clase, la multiplicidad de los tipos, la voluntad de ser quien se es, de distinguirse, todo lo que yo llamo pathos de la distancia, es propio de toda época fuerte." (Nietzsche, El ocaso de los ídolos).

El Estado Homogéneo Universal pretende ser la época más fuerte de la historia, la etapa final, el reino del "último hombre", la consolidación de la diferencia entre Amo y Esclavo basada en una batalla ya dada, y en la aceptación, por parte del Esclavo, de tener necesidades mínimas de reconocimiento. El Estado Homogéneo Universal se basa en el hecho de que el Esclavo reconoce el poder del Amo.

La desigualdad se transforma en deseo de reconocimiento desigual. El deseo de un reconocimiento desigual es el fundamento de la democracia moderna, y ello afectó decisivamente a la vida internacional de los Estados. El estado final de reconocimiento universal es el dominio del "último hombre" de Nietzsche. La identificación con el "último hombre" gana espacio entre los ciudadanos y las clases medias de las democracias prósperas y tranquilas, poseedoras de armas modernas. Ellos pretenden ser, en verdad, los "últimos hombres" dominadores de enormes masas de excluidos repartidos por el mundo entero.

La igualdad y la caridad, esto es, el socialismo y el catolicismo, primero, y el Islam en los últimos tiempos, son los enemigos principales del "último hombre". Apliquemos la siguiente cita de Nietzsche al mundo musulmán actual: "¿Qué es lo más perjudicial que cualquier vicio? La acción compasiva hacia todos los fracasados y los débiles: el cristianismo... El cristianismo tomó partido por todo lo que es débil, humilde, fracasado... Conserva lo que está pronto a perecer: combate a favor de los desheredados y de los condenados de la vida, y manteniendo en vida una cantidad de fracasados de todo linaje, da a la vida misma un aspecto hosco y enigmático" (Nietzsche, El anticristo).

Fukuyama sostiene que fue el deseo de reconocimiento la fuente profunda de las revoluciones anticomunistas de los últimos tiempos. Ese impulso liberal que se verificó en el Este de Europa ha devenido actualmente en conflictos militares profundos, que asumen múltiples formas: desde las guerras civiles hasta las guerras interrepublicanas. Fue la caída del comunismo quien libera el impulso de reconocimiento más importante de la historia de la humanidad hasta nuestro días: la irrupción de un mundo musulmán organizado y sediento de igualdad.

El Islam de nuestros días asume el rol del cristianismo primitivo: toma partido por todo lo que es "débil, humilde y fracasado". Es lo contrario al judaísmo liberal occidental. Ello genera conflictos que se están convirtiendo en el freno del impulso liberal y en el comienzo del fin de la efímera hegemonía del Estado Homogéneo Universal.

Cuando tantos millones de hombre irrumpen en la historia con una certeza religiosa, trascendente, la desigualdad ya no puede fundamentarse en la aceptación de la desigualdad, en la aspiración de un bajo perfil de reconocimiento para los excluidos. Cambian las reglan de los procesos históricos, y la filosofía del "último hombre" aparece como lo que realmente es: una filosofía de dominación que pretendió desterrar la guerra manteniendo la desigualdad esencial entre Amos y Esclavos.

El fin del comunismo es el principio del reconocimiento universal principalmente porque en la historia irrumpen millones de hombres con una Fe, y a partir de allí convierten la geografía que ellos dominan en un bastión resistente al Estado Homogéneo Universal. Es por ello que esa resistencia viene acompañada por una nueva cultura. Hay una nueva acumulación de fuerzas y de poder en el "mundo excluido", porque hay una nueva cultura en ese mundo. El poscomunismo no es la aceptación del liberalismo. Es un componente de un nuevo universo que crece contra la hegemonía dominadora del "último hombre" occidental.

Occidente no sabe qué hacer ante la "crisis del futuro". Sus filósofos buscan certezas cada vez más débiles. Están angustiados ante la crisis del futuro. El futuro angustia porque Occidente está en un período de extraordinaria incertidumbre. Todos los acontecimientos importantes son impredecibles. Sin embargo y ante la angustia de Occidente nace una nueva certidumbre religiosa. Pero ahora ella no está basada en un "contrato" realizado entre una élite y un dios tribal con pretensiones universales. La nueva certidumbre religiosa está basada en la fuerza de millones de desposeídos que sostienen que Dios es el Dios de todos los hombres. Las reivindicaciones nacionales y las reivindicaciones sociales tienen ahora un fundamento y una proyección religiosa -de allí su fuerza- que se basa en que el Dios de los "elegidos", simplemente, ha muerto. He aquí el germen de la gran revolución que se avecina: la victoria de la identidad (hombre-Dios) y de la solidaridad (hombre-hombre) ante el Estado Homogéneo Universal.

 

2. LA CRISIS DEL "NUEVO ORDEN MUNDIAL"
EL ENTORNO GLOBAL: UNA NUEVA APOLARIDAD ANTISISTEMICA

 

"En lugar de la monótona imagen de una historia universal en línea recta, que sólo se mantiene porque cerramos los ojos ante el número abrumador de los hechos, veo yo el fenómeno de múltiples culturas poderosas, que florecen con vigor cósmico en el seno de una tierra madre, a la que cada una de ellas está unida por todo el curso de su existencia. Cada una de esas culturas imprime a su materia, que es el hombre, su forma propia; cada una tiene su propia idea, sus propias pasiones, su propia vida, su querer, su sentir, su morir propios".

Oswald Spengler, La decadencia de Occidente

 

Los acontecimientos internacionales señalan que el proceso de transición que en la escala planetaria comienza con la ruptura de la bipolaridad, ha llegado a un punto muy próximo al estadio apolar, que puede definirse a partir de una nueva y específica "distribución del poder" dentro del sistema internacional.

Esa nueva distribución del poder se produce no sólo de manera desigual sino en niveles distintos. El poder se distribuye en nichos diferentes: la velocidad del desarrollo tecnológico no coincide con la capacidad militar y el crecimiento económico no siempre logra traducir o expresar control político. Ni la capacidad militar, ni el crecimiento económico ni el control político pueden traducirse, finalmente, en hegemonía ideológica (religiosa, cultural, etc.). Ello quiere decir que los alineamientos internacionales ya no se producen por consenso, sino por necesidad o conveniencia y, por ello mismo, son esencialmente transitorios.

En definitiva, el mundo global ha dejado de ser -definitivamente- un mundo blanco-occidental. Las estructuras internacionales (políticas, económicas, militares, culturales, etc.) ya son incapaces de contener las enormes presiones que sobre ellas ejerce la emergencia de multitudes -una inmensa mayoría de la demografía mundial- no blancas. Todas -o casi todas- ellas se asoman a la estrategia global provistas de culturas y religiones diferenciadas y en oposición a la cultura blanca-occidental (¿judeo-cristiana?). Esas masas están además excluidas por la economía global. Su participación en ella es meramente virtual, es decir tiene que ver más con una imagen que con una realidad concreta.

Durante unos ocho siglos -dentro del área geográfica de lo que hoy se llama "mundo occidental"- existió una bi-polarización del poder entre dos razas-culturas: la árabe-oriental-musulmana, y la europea-occidental-cristiana. A partir de finales del siglo XV -descubrimiento de América- uno de esos polos crece y el otro decrece. El pensamiento de la raza occidental se había potenciado, mientras que el de la raza oriental se había estancado. Ello provoca, entre otras cosas, el fracaso militar otomano ante las puertas de Viena.

A partir de ese momento el dominio de la raza blanca-occidental se fue globalizando progresivamente, al mismo ritmo en que judaísmo se iba conviertiendo en polo de poder alternativo. También a partir de ese momento muchas de las guerras fueron guerras civiles europeas. Por eso mismo fueron guerras intra-raciales e intra-culturales dentro del mundo blanco-occidental (a excepción de las acciones japonesas contra Rusia y contra China-Manchuria, antes y después de la primera guerra civil europea). La totalidad de la "política internacional" se desarrolló dentro de ese escenario, que perduró hasta las "revoluciones raciales" del "tercer mundo" que eclosionan a partir de la última guerra civil europea (llamada II Guerra Mundial -IIGM).

Tomando como paradigma esos acontecimientos - limitados por sólo tres siglos de historia universal - el pensamiento político occidental elabora modelos de comportamiento internacional, a los cuales le atribuye una valor metafísico, es decir, eterno. Todo lo demás eran "cuestiones coloniales". El Islam sigue siendo tratado, al día de hoy, como una "cuestión colonial".

El simple ingreso a la política mundial de tres grandes razas-culturas, la china central-confusiana, la árabe-musulmana y la hindú aria-védica - todas emergencias provocadas por la Segunda Guerra Civil Europea - altera totalmente el panorama reinante durante los tres siglos precedentes. Lo que comienza a cambiar es la propia lógica del sistema: se deja atrás un escenario racional-positivista y se entra de lleno en el escenario de la incertidumbre.

La crisis de la IIGM abre la "caja de Pandora". Hasta la "caída de Moscú" (Perestroika) todas las interpretaciones giraban en torno a aquellos viejos modelos racionalistas: proletariado mundial versusu burguesía global. A partir de la crisis y autodestrucción soviética ya no es posible ocultar la envergadura del "nuevo mundo". Millones de hombres "distintos" - provistos de su religión y de su cultura, y agredidos por una misma economía global - se convierten en actores de la política mundial, que comienza a girar sobre ejes también distintos.

Hasta el día de hoy no existe la interpretación adecuada para preveer acontecimientos futuros bajo esta nueva circunstancia. Estamos en presencia de un "antisistema", que no permite construir alianzas estables entre las potencias del mundo central orientadas a gobernar por un largo plazo y a estabilizar globalmente al Planeta. El sistema pentárquico que siguió a la Europa posnapoleónica es, absolutamente, un modelo irrepetible. La imposibilidad de formalizar alianzas estables y de largo plazo entre centros de poder se manifiesta en todos los niveles de la actividad internacional. Hay intereses divergentes entre sí en el plano económico, político, estratégico, religioso, cultural y militar.

Una de las principales fuentes de divergencia se manifiesta en la forma de actuar sobre los "conflictos regionales" (muchos de ellos ya han escapado a esa definición: la mayor parte de los "conflictos regionales" se están transformando en "conflictos internacionales"). A esos conflictos se los pretende "licuar" haciendo que su componente racial pase inadvertido.

Otros conflictos internacionales de transforman en globales. Ello es particularmente válido para el caso del Medio Oriente -conflicto entre el espacio sirio-palestino y el espacio judío implantado- que tiene en la religión judía -, en las interacciones judeo-cristianas- y en la resistencia musulmana, una gran capacidad de transmisión hacia el Occidente. Y a partir del Islam una gran capacidad de transmisión hacia el Oriente. Las tres grandes religiones monoteístas abrahámicas asumen así una función sociológica de transmisoras de conflictos hacia el "resto del mundo".

 

Las nuevas fronteras de la política mundial

Las fronteras reales de la política internacional -globalmente considerada- están volviendo a las antiguas líneas de conflicto, en su triple dimensión: étnico-racial, histórica y geopolítica. Las viejas culturas absorben a las nuevas (p.e: el eslavismo cristiano ortodoxo al comunismo soviético, el judaísmo al sionismo, el Islam al "orientalismo" árabe, etc.), no las expulsan totalmente, las integran a la manera hegeliana. Las crisis políticas en el interior de los grandes Estados están produciendo un sinceramiento histórico y geopolítico, un retorno a los viejos moldes. Una Turquía reislamizada tendrá seguramente muchas dimensiones, pero seguramente todas estarán incluídas en las tres básicas antes señaladas: la étnico-racial, la histórica y la geopolítica.

El sistema internacional no es unipolar porque está sometido a una tensión devastadora entre las fuerzas globalizadoras (élites incluidas de todo el mundo) y las fuerzas fragmentativas (pueblos excluidos del todo el mundo). El conflicto entre incluídos y excluídos, entre dominadores y humillados, entre judíos (y aliados de Israel) y no judíos (enemigos de Israel) está en el núcleo de esa tensión. Las modificaciones que se perciben en el comportamiento del sistema internacional (la intensidad y los ritmos nunca vistos de esas modificaciones) son el producto de una tensión que predomina sobre todas las demás: la existente entre los factores fragmentativos y los factores globalizadores. El conflicto entre el nacional-judaísmo y el mundo árabe-islámico es una especificidad de esta lucha entre globalización e identidad.

 

Los factores globalizadores: El gobierno oligárquico/global como proyecto. La infalibilidad ideológica del "Imperium Mundis"

A pesar de la creciente importancia de los elementos fragmentativos existe hoy un proyecto (y un proceso) de gobierno mundial de facto integrado no sólo por instituciones internacionales como el FMI, el Banco Mundial, el Grupo de los 7 (G7), el ex/GATT (Organización Mundial del Comercio), el proyecto Maastricht y demás organizaciones diseñadas para servir a los intereses de los grandes grupos multinacionales. Por sobre el funcionamiento de esas instituciones el proyecto de gobierno mundial pretende ofrecer una nueva conceptualización sobre el "manejo del mundo", condensada en tres conceptos básicos sobre los que se sustenta el Nuevo Orden Mundial (NOM): la soberanía limitada, el derecho a la ingerencia y las intervenciones humanitarias. Dentro de este proceso está el proyecto de legitimar un Tribunal Internacional de Justicia dentro de los moldes del Tribunal Militar Internacional de la última posguerra.

Hasta este momento todas las experiencias existentes respecto a limitación de soberanía e ingerencias militares, fueron acciones comandadas por el mundo blanco-occidental contra el "otro mundo".

La forma de gobierno mundial que se pretende imponer se asemeja mucho más a la idea de Imperio que expone Dante en su De Monarchía que a la visión de muchos imperialistas nacionales del siglo XIX. El "Imperialismo nacional", como el británico, el norteamericano, el francés o el ruso, es una imagen del pasado. Ahora no puede haber imperio universal sin infalibilidad ideológica, sin teología de la globalidad, como muy bien lo señaló en defensa de Roma y dentro del exiguo espacio de la cristiandad, ese gran pensador imperial que fue Santo Tomás. En su momento conocimos muy bien la exigencia de infalibilidad que presentó sistemáticamente la Iglesia Comunista de Moscú, hasta su extinción hace pocos años.

El Imperio Mundial es una figura que exige la aceptación universal de la infalibilidad de sus decisiones. Esta actitud cultural es cada vez más evidente a medida que pasa el tiempo. Es la cultura blanca-occidental la que pretende constituírse en el Totem de todas las "tribus" del mundo. A diferencia de los antiguos emperadores nacionales, la autoridad del "Imperium Mundis" pretende ser propia, como la luz del sol. Los viejos "imperios nacionales", en cambio, eran como la luz de la luna: extraían su brillo de la luz del sol (Santo Tomás, De Regimene Principium). La infalibilidad ideológica contemporánea, la nueva "luz del sol" es una "nueva ingeniería" basada en desarrollos tecnológicos que permiten operar concentraciones económicas transnacionales, manipulaciones políticas y sociales globales e intervenciones militares. En definitiva, el "nuevo sol" es la posibilidad de controlar en exclusivo las nuevas tecnologías emergentes.

Ya no se trata de las viejas expansiones nacionales que en un punto de su desarrollo se transforman en expansiones imperiales. Ahora se pretende estructurar, desde "lo alto" y desde un principio, un gobierno mundial trans/nacional, legitimado -cuando ello es posible- en la figura de las Naciones Unidas. Ese gobierno mundial será la expresión política tanto de "gobiernos nacionales" como de grupos trans/nacionalizados cuyo poder se asienta en un específico proceso de innovaciones tecnológicas y transformaciones productivas.

El "gobierno mundial" es cada vez más urgente, dada la creciente incapacidad de Washington para ejercer un verdadero liderazgo mundial. Esa urgencia es lo que aún une a las diferentes etnias de la raza blanca, y lo que pretende convertir a la cultura occidental en el tramo final de la historia humana.

Es cada vez más evidente que una nueva "contradicción principal" sacude los cimientos del sistema internacional. Ella se localiza en las luchas de las "razas marginales", de las naciones y de las culturas excluídas contra las intervenciones religiosas, políticas, económicas y militares -en definitiva, raciales- de una nueva forma imperial que se pretende imponer sobre el Planeta.

Debemos recordar que en el estrecho marco geopolítico del "renacimiento" italiano, el primer gran teórico de la liberación nacional contra el proyecto del "imperio mundial" del Papa romano, fue Maquiavelo. Habrían de pasar muchos años desde la muerte del gran florentino hasta que otro europeo marginal, Herder, un judío eslavo-germánico, continuara desarrollando la trama teórica de la "cuestión nacional". Escribió:

"La civilización humana no vive realmente en sus manifestaciones generales y universales, sino en las nacionales y particulares. Cada nacionalidad es un organismo vivo. Todas las nacionalidades son igualmente sagradas, las que aparentemente han progresado y las llamadas 'primitivas'. A través de todas ellas se cumple el destino de la humanidad. Ningún individuo, país, pueblo, estado, son parecidos. Todo queda sofocado si uno no busca su propio camino y si se toma ciegamente a otra nación como modelo. Cada nacionalidad es la portadora original de una humanidad común, que vive y se despliega en todas las nacionalidades. Nada es tan repugnante al espíritu humano como la actividad de los conquistadores. No puede negarse que alguno de ellos han demostrado valor en el peligro, pero lo mismo puede decirse de los asaltantes de caminos y de los piratas. Es de esperarse que los asesinos y ladrones de pueblos y naciones sean un día objeto de la infamia y la deshonra, de acuerdo a los principios de una verdadera historia humana".

 

Polarización versus globalización

En un mundo globalizado, naturalmente, tienden a desaparecer los polarizadores internacionales (centros con gran capacidad de acción económica y/o estratégico/militar) y, en especial, los polarizadores clásicos, que son los que operaron en los últimos tres siglos de historia occidental, antes de la irrupción masiva de las razas "coloniales". La globalización es la hegemonía de un solo polarizador. Los actores principales de la globalización tienen como objetivo la maximalización de los beneficios y no la potenciación de su propio Estado, aunque se trate de los Estados Unidos. Como entidad política y geográfica, el antiguo país central puede entrar en declive por el mismo proceso mediante el cual sus principales empresas logran beneficios crecientes.

Un ejemplo concreto. La General Motors ha cerrado plantas de producción dentro del territorio norteamericano, al mismo tiempo en que se ha convertido en el principal generador de empleo de México. También abrió una planta de montaje en Alemania Oriental, donde una mano de obra muy calificada y disciplinada está dispuesta a trabajar más horas que sus connacionales de la parte occidental, por sólo el 40% de los salarios que aquellos exigen. Estamos en presencia de un fenómeno de dislocamiento empresarial a escala global, lo que significa un vasto traslado de empresas del centro hacia la periferia. Es por ello que la desocupación, tanto en el centro como en la periferia, es un factor directamente proporcional al crecimiento de las llamadas variables macroeconómicas. Cuanto mayor sea el "crecimiento", según los parámetros del modelo neoliberal, mayor será la desocupación.

La naturaleza del sistema internacional actual tiende a definir, en la escala global, sólo dos "países", con sus geografías y recursos desigualmente distribuidos: el país de los ricos o incluidos, y el país de los pobres o excluidos. Las instituciones estatales de los países excluidos, o "desgarrados", como las fuerzas armadas, deben definir -en primer lugar ante sí mismas- qué "país" aspiran a defender. Queda fuera de toda discusión, dentro de este modelo de gobierno mundial, que todo intento de integrar "fronteras adentro" del Estado/nación, es una actitud penalizada por la lógica del modelo. Uno de los objetivos principales de los actores transnacionales es lograr la privatización y la liberalización de los servicios -en especial de los servicios financieros-, más la eliminación de los principios básicos de la defensa nacional, con el objeto de eliminar cualquier amenaza de planificación económica nacional y de desarrollo independiente.

Todas las instituciones integrativas dentro del Estado/nación deben ser destruidas, "desprotegidas" de los "favores" del Estado. Desaparece la "vieja" configuración "nacional" del Estado. Queda vigente una nueva configuración "estatal", la mayoría de las veces fragmentada o desgarrada. Es por ello que no desaparecen todas las formas de proteccionismo. Los mecanismos de protección son rediseñados para aumentar el poder y la riqueza de las grandes corporaciones transnacionales (que no necesariamente son multinacionales: gran parte del "capitalismo nacional" hoy se ha transnacionalizado sin multinacionalizarse).

La geografía de la pobreza en lo que alguna vez se llamó el "primer mundo" determina un paisaje realmente impresionante. En los Estados Unidos la caída de los ingresos y el estancamiento salarial descendió violentamente a partir de mediados del '80, en una parte importante debido a la reducción de los gastos de defensa. Más de 17 millones de trabajadores se encuentran sin empleo o semiempleados. De la escasa riqueza creada en la década del '80, un 70% fue a parar al 1% más rico de la población, mientras que los sectores de menor poder adquisitivo sufrieron una pérdida en términos absolutos. En los años 90 ese proceso se hace aún más agudo, en la escala global.

En el período considerado, comienzan a generarse, muy por debajo de la superficie, los condicionantes de la pérdida progresiva del potencial del poder militar norteamericano en la escala global. Esa pérdida de potencial se encuentra en relación directa con la expansión de la crisis socioeconómica en el interior de la "potencia hegemónica".

Esa crisis económica tiende a localizarse -en el interior de las sociedades centrales blancas- en los sectores excluídos integrados por "otras razas": negros, mexicanos, árabes, etc. Existe incluso un conflicto de intereses entre el proletariado blanco y los semi-proletarios no blancos. Aquí también el conflicto adquiere una inconfundible dimensión racial y cultural.

La globalización como modelo de gobierno mundial es una estructura oligárquica que condena a la marginalidad al vasto "país" mundial de los excluidos, a los pobres y sin poder, dentro y fuera de los países centrales, dentro y fuera del espacio blanco-occidental. En el plano político interno opera dejando grandes vacíos en el ordenamiento democrático, de tal manera que la capacidad de decisión siga en manos de los que Adam Smith, en el siglo XVIII, llamaba "los amos del universo", quienes se manejan "con el vil principio: Todo para nosotros, nada para los demás".

La organización oligárquica global succiona riquezas para el "país de los incluidos" que está desigualmente distribuido por toda la superficie del globo. Adam Smith acusaba a los fabricantes y comerciantes de su época de "infligir horribles infortunios y de perjudicar al pueblo de Inglaterra". Hoy en día, el 40% del comercio exterior de los Estados Unidos se realiza entre compañías dirigidas en forma centralizada. Esas companías pertenecen a los mismos grupos que controlan la producción y la inversión.

El efecto que provoca la acción de la oligarquía global sobre la totalidad del "país de los excluidos" es auténticamente devastador. El abismo que separa a las regiones ricas de las pobres se ha duplicado en las últimas dos décadas. La transferencia de recursos del "sur" al "norte" fue de 400.000 millones de dólares entre 1982 y 1990.

 

La fragmentación antioligárquica

Los factores de fragmentación son los elementos que pueden llegar a conformar, en líneas generales, nuevas opciones para las razas oprimidas, las culturas marginales y los Estados periféricos. Los factores de fragmentación se manifiestan en diferentes niveles:

*En la inviabilidad político/estratégica de los grandes espacios económicos. Inviabilidad significa desigualdades crecientes dentro de cada espacio económico.La formación de espacios económicos ampliados es, en la mayoría de los casos, una relación entre una misma empresa monopólica ubicada en dos puntos geográficos distintos. Dentro de esos espacios se producen enormes transferencias de recursos de las regiones más pobres a las más ricas. Esto sumado a las grandes disparidades culturales existentes, produce el fenómeno de la imposibilidad de traducir "poder económico" en "poder político/militar", como es el caso evidente de la Unión Europea, que nunca dejará de ser un simple "Mercado Común Europeo". En la Zona de Libre Comercio del Atlántico Norte (NAFTA) uno de los objetivos principales de los Estados Unidos es desarticular completamente la existencia nacional de México. Las reacciones secesionistas del Quebec es un ejemplo impresionante de fractura cultural dentro de un espacio económico central. En el Mercosur la desigualdad entre Brasil y la Argentina es creciente y directamente proporcional a los poderes nacionales relativos. La Comisión Norteamericana para el Comercio Internacional estima que las empresas de ese país obtendrían un beneficio adicional de 61.000 millones de dólares anuales provenientes del Tercer Mundo, si la OMC tuviese capacidad para aplicar las exigencias proteccionistas norteamericanas con la misma intensidad que lo hace Washington dentro del NAFTA. La protección de la propiedad intelectual está constituida por un conjunto de medidas diseñadas para que las multinacionales norteamericanas controlen la tecnología del futuro, por lo menos en una determinada región del mundo.

*En el creciente vacío de poder y en el incremento (ampliación y profundización) de los conflictos regionales. La mayoría de los conflictos regionales son respuestas militares de naturaleza racial y cultural desde los pequeños espacios a los grandes espacios (Chechenia versus Rusia, caucásicos musulmanes versus ortodoxos eslavos).

*En las crisis económicas nacionales dentro del mundo central, y las luchas interbloques e intrabloques.

*En la incidencia creciente de las variables demográficas (mayor crecimiento relativo de las razas marginales).

*En la expansión de religiones y culturas conformadoras de una concepción del mundo no/occidental. La expansión demográfica conspira contra el modelo oligárquico de gobierno mundial, ya que los ricos blancos son cuantitativamente cada vez menos. Tanto en el mundo musulmán como en el mundo eslavo la confluencia de factores religiosos y demográficos está llegando a niveles críticos para la estabilidad de las democracias protestantes y/o weberianas.

*En la evolución relativa de los poderes militares.

*En la consolidación de potencias regionales con gran capacidad de acción y en el nacimiento de potencias intermedias. Estamos viviendo el nacimiento de potencias medianas regionales habitadas. Ellas no sólo disponen de una adecuada ubicación geográfica o de alguna tecnología militar, como Turquía e Irán, dos polarizadores intermedios en el Nuevo Mundo Apolar. Ellas disponen sobre todo de una cosmovisión "finalista" de la acción política.

*En la naturaleza de las crisis en los centros decisionales y en el desarrollo de "guerras comerciales".

Este cuadro es particularmente claro en la configuración actual del mapa europeo y en el conjunto de tensiones dentro de la OMC (ex GATT).

La crisis económica actual tiene notables similitudes con la que sacudió al mundo hacia finales de los años '20 y comienzos de los años '30 de este siglo. Ella comenzó, al igual que ahora, con un descenso del PB global real, lo que impulsó a los países más importantes de cada región a restringir las importaciones por el mecanismo de crear bloques comerciales en cada una de sus zonas de influencia. También, al igual que ahora, el funcionamiento de la economía a través de bloques comerciales restringió los flujos comerciales y los movimientos financieros internacionales (lo que hoy se llama "globalidad económica"). La consiguiente recesión transformó a los bloques comerciales en bloques militares. Los bloques comerciales vuelven a conformarse con el objeto principal de limitar las importaciones e incrementar las propias exportaciones fuera de los mecanismos multilaterales. En el límite de esta dinámica comercial y política estarán, de nuevo, e inexorablemente, los bloques militares. Es decir, la guerra.

Pero también tiene importantes diferencias. El escenario es ahora, por primera vez, global. Importantes actores son ahora no occidentales y no blancos. No se trata de la globalidad del siglo XIX, en cual el mundo colonial era un puro mercado, es decir, observador pasivo de los sucesos del mundo blanco central. China, India, Irán, Brasil, entre otras potencias intermedias, juegan un rol activo en la política mundial, y sus intereses -en diversos grados- son muchas veces discordantes y otras francamente antagónicos respecto de los intereses del centro.

Estamos hablando de cambios profundos en la historia y en la estrategia global. La periodicidad de los cambios se ha modificado abruptamente. Los tiempos históricos deben ahora medirse no por decenios ni por años, sino por meses y semanas. Este incremento inusitado en la velocidad de los cambios se debe a la inclusión de nuevos, pero sobre todo de distintos actores en el escenario de la política mundial.

Hubo un punto en que fue posible registrar con gran exactitud el enorme viraje estratégico de la historia: en enero de 1993 la "potencia hegemónica" de un "mundo unipolar" no pudo reeditar una segunda campaña contra Irak (señalado como el "perturbador del sistema", en ese momento). La estructura de las alianzas que se había construido un año antes ya carecía de viabilidad, se había derrumbado, se había modificado total y absolutamente. En sólo un año el mundo era otro. Era para el otro. Comienza a ser para los que dispongan de voluntad de existir. Yugoslavia es otra región de conflicto donde se pone de manifiesto la imposibilidad de un "gobierno mundial", bajo cualquiera de las formas hasta ahora conocidas: unipolar, bipolar, pentapolar, etc.

Los conflictos y las coincidencias se entrecruzan, no coinciden ni en tiempo ni en espacio. En Bosnia, ex Yugoeslavia, existe una coincidencia objetiva de intereses, hoy, entre Alemania, Estados Unidos algunos Estados musulmanes que por otra parte mantienen importantes conflictos entre sí. La convergencia entre EUA y Alemania se hizo extensiva a la ampliación de la OTAN hacia el este europeo (imposición alemana a los EUA). La alianza militar "occidental" actuará de pantalla protectora de la pretendida expansión económica de Alemania hacia el este (pero existen también cada vez más conflictos económico/comerciales entre Alemania y Estados Unidos). Inversamente, esa alianza nacida en Bosnia, difícilmente se pueda extender hacia el espacio árabe-persa.

La no percepción de la profundidad y de la velocidad de los cambios, de la drástica modificación de los ciclos históricos, del inexorable retorno a los viejos moldes raciales, étnicos, geopolíticos e históricos; la no percepción de las implicancias que conlleva el vertiginoso surgimiento de nuevas oportunidades para las nuevas razas-culturas transformadas en potencias emergentes; la no percepción o la negación de esos fenómenos es lo que provoca la perpetuación en la dependencia de los hegemonizados, de los esclavos que optaron por la esclavitud.

 

La despolarización del sistema internacional

El sistema internacional siempre se transformó a través de procesos de re/polarización. Los agentes polarizadores emergían a través de un conflicto complejo que adoptaba múltiples formas, incluyendo la militar. La polarización, la formación de polos de poder, fue siempre el resultado de un conflicto entre actores. Desde el siglo XVIII y hasta finales de la segunda guerra civil europea, el escenario geográfico dentro del cual se producían esos procesos de repolarización era increíblemente pequeño y abarcaba a un muy reducido número de personas, en su totalidad pertenecientes a las diferentes etnias y culturas de la raza blanca del mundo occidental. Los procesos de repolarización se producían dentro de ese marco geográfico-cultural, ya que representaban conflictos internos dentro del occidente blanco (aún aquellos que se referían a los "problemas coloniales"). Esos conflictos adoptaban distintas formas, pero todos admitían una misma base: diferenciaciones étnicas, culturas y geopolíticas.

La característica del momento actual es que el número de actores se ha incrementado, al mismo tiempo que cada uno de ellos tiene mayor poder relativo. Sobre todo existe una diferenciación de intereses y de lógicas políticas entre los nuevos y los viejos actores (y entre los nuevos entre sí y entre los viejos entre sí). Los actores que predominan no pueden controlar la totalidad del sistema. Ese descontrol no origina un "orden" sino un desorden.

El mundo árabe, Irán, China, India, Turquía, etc., son todas potencias emergentes dentro de la gran Isla Mundial. Cada una de ellas intenta controlar espacios limitados de poder y ello, naturalmente, delimita intereses específicos, muchas veces contradictorios entre sí, pero sobre todo contradictorios con los intereses de los viejos actores de la cultura blanca occidental.

Los viejos actores, a su vez, aún no han podido definir ni muchos menos consensuar dentro de sus sociedades, el tipo de estrategia más adecuada a esta época tumultuosa. La llamada Unión Europea carece en absoluto de una estrategia unificada. Hacia el mundo eslavo, todos los Estados europeos y, aún, los EUA siguen detrás de Alemania, quien busca seguridad para sus negocios en el este. De allí la llamada "ampliación" de la OTAN.

Para cada crisis específica, Europa inventa, sobre la marcha, una política de emergencia. Casi siempre ligada a un pasado colonial o de despojo: Italia en Albania, Francia en algunas -cada vez menos- regiones de África, Alemania en Croacia y Eslovenia, Gran Bretaña en el Atlántico Sur, y así sucesivamente. La política americana aún no ha resuelto, ni mucho menos, sus opciones históricas -excluyentes entre sí: (neo)aislacionismo, euro-atlantismo o Asia-Pacífico. A pesar de ser, sin duda alguna, la primera potencia del mundo, en cada coyuntura parece ir a remolque de los acontecimientos. No tiene capacidad de suscitar lealtades profundas hacia el exterior, ni consenso perdurable hacia el interior. La sociedad americana es crecientemente multirracial -es decir, policultural. Vive, por lo tanto, en una situación creciente de desgarro interior. Con cada vez mayor frecuencia las decisiones de la élite -blanca, rica y protestante- son contestadas por las distintas razas, etnias y culturas que integran esa sociedad contradictoria.

El drama permanente de África, los genocidios constantes y las más terribles acciones contra los "derechos humanos", son los resultados presentes no sólo de un pasado colonial, sino sobre todo de la multipolaridad decisional instalada en el Occidente blanco (aquí la definición racial blanco-negro cobra su auténtico significado, su criminal significado malthusiano).

Todo ello significa que el proceso de repolarización tradicional -en la escala blanca-europea- ha devenido en proceso de despolarización en la escala global actual: y el estado final de la despolarización es la apolaridad. Hoy asistimos a una etapa de la historia mundial en que el "orden" internacional se encuentra en estado de apolaridad por la acción de factores infinitamente más complejos que los que afectaron a la política occidental entre los siglos XVIII y XX. Ningún centro decisional controla hoy todos los segmentos que conforman la estructura de las relaciones internacionales; ésta ha sido desbordada por los acontecimientos, por el factor racial-demográfico, en primer lugar. EUA debe compartir poder con el resto de los actores en distintos segmentos del sistema (ciencia, tecnología, finanzas, comercio, capacidad militar, etc.).

El factor racial, y la carga cultural que de él se desprende, produce un descontrol que se generaliza a partir del nacimiento de conflictos que se manifiestan como "rupturas del mapa". Al haber desaparecido el viejo sistema, y al no haber sido reemplazado por uno nuevo, hoy no existe estructura como fundamento de un orden definido. Hay licuación del poder, es decir, apolaridad, ya que toda estructura es siempre la confirmación de un poder (orden) internacional relativamente estable.

Ninguno de los antiguos polarizadores del sistema -ni, por supuestp- los nuevos- tiene capacidad para imponer un orden, ni a escala global, ni dentro de cada uno de los segmentos de poder que integran la dinámica política internacional. Y, debido a que los cambios se producen a un ritmo muy acelerado, tampoco existe consenso acerca de cuáles deben ser las reglas aceptables para la estabilidad de un nuevo sistema internacional.

En todo caso hoy estamos afectados por un "antisistema", que es algo muy próximo a un des/orden. Dentro de él, un conjunto cada vez más numeroso de "polarizadores menores" o actores secundarios (las antiguas razas inferiores de la ciencia occidental) pugnan por establecer reglas en cada uno de los segmentos de poder, básicamente, en los estratégico/militares, en los científico/técnicos y en los económico/financieros. Esa pugna aún no se ha resuelto, por lo que no hay orden global (autoridad ordenante) que impere sobre la totalidad de los segmentos de poder. La apolaridad es la anulación respectiva de poderes entre un número relativamente alto de polarizadores secundarios. No es multipolaridad porque la apolaridad no permite la realización de alianzas estables y largo plazo entre actores.

Hay una multiplicación cualitativa y cuantitativa de actores/polarizadores. No sólo más, sino también nuevos actores con capacidad de influencia. Ellos van desde la banca acreedora (occidente blanco) hasta la emergencia de nuevos Estados (razas marginales hasta la segunda guerra civil europea). Ahora, las relaciones mundiales no son sólo inter/estatales, sino inter/nacionales e, inter/organizacionales, inter/culturales pero, sobre todo, inter/étnicas.

La modificación de la estructura global -el pasaje de un orden a un des/orden- se realiza a través del control, por parte de actores secundarios, de los distintos segmentos de poder que la conforman. Los actores pugnan por el control de las áreas más importantes que integran la actividad mundial global. En muchas áreas o segmentos no hay un actor predominante porque se está iniciando un conflicto de licuación de vastas proporciones.

Actualmente la actividad mundial se caracteriza por tener una "autoridad ordenante" cada vez más débil a medida que los conflictos que se avizoran se hacen cada vez más reales, esto es, a medida que el factor racial cobra más incidencia. Ello conlleva una creciente desconcentración del poder; éste se hace difuso. La difusión (licuación) del poder es el resultado de una "represión recíproca entre adversarios cada vez más numerosos e iguales". Cada vez es menor la "autorepresión de potenciales disturbadores". Esto último comenzará a evidenciarse, por ejemplo, con la recomposición y potenciación que en estos momentos se realiza en el mundo árabe musulmán y en otros muchos puntos del planeta.

Hasta ahora hemos hecho referencia al concepto "mundo o espacio árabe-musulmán" pretendiendo indicar no tanto una "unidad geopolítica" cuanto una zona del planeta con cierta uniformidad étnica y cultural. Usamos ese concepto intentando abarcar tanto al mundo árabe como a Irán, relativamente unificado por el Islam.

Sin embargo es preciso reconocer las fragmentaciones existentes.

 

La estructura global y los segmentos de poder. Alemania, el Oriente Medio y el Asia Central

En abril-mayo de 1997 se produjo una crisis y una muy rápida solución de esa crisis entre Alemania (y, por arrastre, la UE) e Irán. Esa crisis y la forma y velocidad con que la misma se resolvió pone en evidencia los mecanismos del funcionamiento real del actual sistema internacional, en especial el relativo desinterés de Irán por Europa, que es asimétrico respecto del interés de Europa (Alemania) por el Asia Central.

Ese relativo despegue de Irán respecto de Europa, aunque en parte es una ficción de la política exterior de Teherán, se debe, naturalmente, al enorme peso geopolítico que adquirió el espacio persa a partir de su reinserción en el Asia Central (incluyendo a China, India y Rusia). Ello no viene sino a demostrar que un orden internacional con poder difuso ofrece a los actores no hegemónicos un grado de permisibilidad que en gran parte está delimitado por la propia capacidad del actor no polar (no polarizante) para realizar conductas independientes o autonómicas. Estas conductas autonómicas se potencian al distribuirse, por ejemplo, tecnologías militares estratégicas a partir de la desintegración de la ex URSS.

Estas conductas se miden tanto en términos de potencial propio, como en términos de capacidad de alianzas. Hay una relación entre el grado de permisividad que debe tolerar la "potencia hegemónica" y el grado de capacidad del actor secundario dentro de su propia "esfera de influencia". Cuanto mayor sea la "difusión" del poder mundial, mayor será el potencial del "grado de capacidad" del actor secundario, quien a su vez demandará sucesivas ampliaciones del grado de permisividad de la "potencia hegemónica", que para ella será directamente proporcional a la pérdida de poder propio. Asimismo, cuanto mayor sea el grado y el alcance del conflicto, menor será la capacidad de control de la "potencia hegemónica".

Cuando el sistema bipolar anterior había alcanzado el punto máximo de consolidación ("guerra fría"), dentro de ambos bloques el grado de permisividad y el grado de capacidad eran, prácticamente, igual a cero. En un sistema tendencialmente apolar, o de distribución difusa del poder, tiende a ocurrir lo contrario, ya que en ese tipo de sistema el "orden" se basa en un equilibrio o balance de poder con cada vez mayor número de actores con capacidad equivalente de poder. Las alianzas centro-periferia son temporarias y se formalizan permanentemente nuevas alianzas periferia-periferia, cuando los equilibrios anteriores se rompen. La difusión del poder anula la permanencia de las primeras.

Desde hace un tiempo se viene percibiendo esta situación que podríamos definir como de eliminación del principio de las alianzas permanentes la potencia hegemónica y su Hinterland. Ello impulsa a la individualización de los actores en todos los segmentos del sistema, aún en el estratégico/militar. Actores menores buscan alianzas ad-hoc con otros actores menores dentro de una ampliación constante de los grados de permisividad y de capacidad.

La apolaridad es el límite de la difusión del poder, y por su naturaleza impide o dificulta la formación de bloques de seguridad colectivos, en beneficio de un equilibrio y de un balance nunca estratificado. El "orden" que se avecina, entonces, parece ofrecer lo contrario a alianzas permanentes y seguridades colectivas.

Si aplicamos estos principios al ámbito del "mundo occidental" en su conjunto comprenderemos la trascendencia de los cambios y la magnitud de las modificaciones estratégicas que originará la transición. A partir de ellos ya es posible imaginar una repolarización de Europa en un escenario con conflictos militares crecientes. Sobre ese espacio comenzarían a actuar actores y factores completamente distintos a los existentes durante la etapa bipolar. Fue precisamente la bipolaridad lo que desvió provisoriamente el curso de la historia en el mundo colonial, transformando las revoluciones raciales emergentes en meras "revoluciones nacionales".

Es altamente probable la emergencia de una crisis en el diseño de la Europa de posguerra, que finaliza en Maastricht, y no en la Europa de las Naciones. Tal fractura podría producirse a lo largo de la frontera que divide la Europa continental de la Europa marítima. Dentro de la Europa continental existen innumerables fracturas menores que perdurarán hasta que surja un nacionalismo hegemónico. De la Europa continental surgirá un polo euroasiático (PEAS) y de la Europa marítima un polo euroatlántico (PEAT).

La larga cadena de sucesos que vienen atenazando a la política interior y exterior francesa tienen su origen en su progresiva asfixia geopolítica. Desde hace muchos años, y a diferencia de lo que sucede con Alemania, Francia no encuentra la posición adecuada a su potencialidad. Excluída de África, sin posibilidades de mayores penetraciones ni en Asia ni en Iberoamérica, dentro de un diseño europeo contrario a sus tradiciones de gran potencia marítima y/o continental, según las circunstancias, está aparentemente condenada a ser un "Estado más" dentro de Maastricht. Contra esto surje la rebelión del Frente Nacional, que es lo más alejado que existe de una expresión política meramente coyuntural.

Francia se aleja de la nueva dinámica europea que se produce dentro del siguiente concepto estratégico enunciado por Colin Gray, en base a los presupuestos de la geopolítica clásica: "El mundo, reducido a sus elementos esenciales relativos al poder, está formado por una superpotencia de la región central que está en una lucha continua y permanente con la superpotencia marítima e insular, en relación al control efectivo de las regiones periféricas y de los mares marginales de la 'isla mundial'" (La geopolítica en la era nuclear).

Lo novedoso de estos tiempos es que el polo euroatlántico no necesariamente será la prolongación de los Estados Unidos en Europa, como lo es hoy la Europa de Maastricht ("El pilar europeo de la OTAN"). La clave de este problema está localizada en la relaciones futuras que se establezcan entre Francia y Alemania. Una Francia re-nacionalizada (victoria electoral del Frente Nacional) puede o no coincidir con una renacionalización de Alemania. Si Alemania continúa siendo el principal aliado europeo de los Estados Unidos, la línea de conflicto será "la frontera del Rihn". Si Alemania también se re-nacionaliza, no habría, en ese caso, un polo euroatlántico en contraposición a un polo euroasiático. En ese caso habría un "nacionalismo" hegemónico "bipolar", con capacidad de acción hacia el Atlántico y hacia el Pacífico (Mediterráneo e Índico). Tal sería el resultado probable de una nueva alianza franco-alemana, con ambos Estados re-nacionalizados, es decir, fuera de los proyectos OTAN/Maastricht.

Como lo veremos en el capítulo correspondiente, la re-nacionalización de Alemania pasará inexorablemente por la recuperación de su identidad. Ello exige una operación previa, que es un "ajuste de cuentas" con una falsa historia impuesta por los vencedores de la segunda guerra civil europea (II GM). En ese sentido el trabajo sistemático de intelectuales como Ernst Nolte no sólo es de una extraordinaria importancia para el futuro de Alemania y de Europa: asimismo mantiene una estrecha relación con las alternativas que emergen en Oriente Medio, Asia Central, Rusia y otras zonas de crisis en esta época de tránsito hacia la apolaridad.

No existe hoy en el mundo ni una sóla cuestión que pueda ser analizada de forma aislada respecto del funcionamiento global de la estructura. Muy por el contrario, muchos factores de crisis, aparentemente regionales o locales, unifican y relacionan escenarios aparentemente distantes unos de otros. Es imposible aislar , en ese sentido, la evolución de las políticas interiores de Francia y de Alemania -por ejemplo- de la crisis cada vez más aguda que vive el Oriente Medio. La evolución de la "cuestión judía" a lo largo de la historia contemporánea de Alemania es algo que hoy no puede escindirse del comportamiento político del Estado de Israel, a partir de su fundación en la inmediata segunda posguerra civil europea. Quiérase o no, el mundo árabe-musulmán depende en grado sumo -y viceversa- de la forma a través de la cual Alemania reasuma esa cuestión en un futuro inmediato, en su proceso de re-nacionalización en búsqueda de su verdadera identidad.

Esa relación es asimismo directa para el caso francés. Mucha gente hoy en día confunde la presencia de 4 millones de musulmanes en territorio francés metropolitano, con las relaciones futuras entre una Francia re-nacionalizada y el mundo árabe-musulmán.

En ambos casos -Francia y Alemania-, y también en otros muchos (Estados Unidos, España, América del Sur, Rusia y Turquía, por ejemplo) la "cuestión judía" se ha transformado en uno de los nexos inexorables que relacionan antiguas situaciones históricas que han emergido violentamente a partir de la ruptura del mundo bipolar. Esas relaciones que hacen a la naturaleza del mundo actual no están simplemente dadas, es necesario descubrirlas y explicarlas. Ese es el camino que conduce, precisamente, a la adquisión de un nuevo conocimiento referente a un mundo nuevo.

 

La "ruptura del mapa"

Este concepto tiene una lectura estratégica y económico/institucional. Significa que sólo excepcionalmente (emergencia de una nueva alianza franco-alemana) pueden coexistir dos o más "centros de poder" dentro de un mismo espacio. Durante un cierto tiempo podrían compartir un mismo espacio económico (la antigua CEE, por ejemplo). Pero los ritmos de integración serán radicalmente distintos en el plano estratégico.

No es casual que Europa Occidental tenga espacio económico común al mismo tiempo que demuestra sus carencias en los planos de una política exterior y de una política de defensa común. No tiene ni tendrá política exterior común ni integración defensiva común. Y ello por una razón básica: porque Europa Occidental no conforma, en sí, una región estratégica. Fue el resultado de una construcción negociada de un mapa que reflejó una relación de fuerzas que ya no existe (la Europa de posguerra).

Ambas líneas de movimiento, la del PEAS (Polo Euroasiático) y la del PEAT (Polo Euroatlántico) estuvieron determinadas, en el pasado, por la capacidad de conectar los cuatro núcleos de poder continentales y los cuatro marítimos, respectivamente.

 

Los cuatro núcleos de poder marítimos son: a) el Mediterráneo; b) el occidente europeo hasta el Rhin; c) el Atlántico Norte (centro de gravedad del sistema); y, d) el archipiélago japonés.

Los cuatro núcleos de poder continentales son: a) El espacio del Eufrates, desde el Turkestán a Paquistán. Ese espacio ha sido el escenario sucesivo del Imperio Persa, del Imperio Sasánida, del Califato de Bagdag y del Imperio Otomano; b) Mongolia y Norte de China, donde se ha desarrollado el imperio Han, el imperio de Genghis-Jémidas y el imperio de los To-Tsing; c) la región central rusa (imperio de los zares); y, d) la Europa Central (Mitteleuropa), con base en la potencialidad germánica. El proyecto geopolítico alemán, propuesto por el general Haushofer, era un diseño geográfico destinado a conectar políticamente esos cuatro grandes polos de poder continental. Esa área de poder era ampliable al archipiélago japonés, transgresor por excelencia, a través de China.

Estamos presenciando una nueva etapa de la política mundial, en la cual los dos componentes básicos del poder global (Mundo Marítimo/Mundo Continental) iniciarán una competencia planetaria totalmente desprovista de ropajes ideológicos. Por lo demás el Mundo Marítimo podría quedarse sin su componente europeo, en caso de producirse una convergencia de nuevo tipo entre Berlín y París.

En caso de que se reproduzca un conflicto franco-alemán, el polo continental y el polo marítimo volverían a actuar a la tracción sobre Europa Occidental, generando dos tipos de movimientos geopolíticos completamente distintos, ambos con sus respectivas proyecciones económicas y culturales. La prevista ampliación de la OTAN hacia el este, destinada a proteger los negocios de una Alemania "atlantizada", es un movimiento que conducirá inexorablemente a producir una línea de fractura en la "frontera del Rihn".

La "crisis del Golfo" de los años 90/91 pertenece a un escenario estratégico que ya no existe. Puede ser vista como una acción militar anglonorteamericana para evitar el intento de Bagdag de darle al espacio del Éufrates el valor de un polo continental, con un fuerte contenido militar. Los polos marítimos, excepto el del archipiélago de Japón, reaccionaron contra ese intento, mientras los polos continentales se abstuvieron.

El PEAS (Polo Euroasiático) está en condiciones potenciales de movilizarse hacia el Éufrates, que hoy está geopolíticamente vacío pero donde siempre hubo un poder terrestre muy significativo. El derrumbe del sistema soviético y la aún no articulada Mitteleuropa, hizo que el intento de Irak por llenar militarmente ese polo continental fuese tratado por el Mundo Marítimo como un acto de perturbación. Bagdag o bien se había atrasado, o bien se había adelantado a su época.

Es curioso que algunos a`pologistas del Apocalipsis de San Juan visionen la caída de la Europa moderna y liberal cuando se seque el Éufrates: "Europa apóstata amenazada por una barbarie no peor que ella misma". El Espacio del Éufrates es una región políticamente fragmentada desde la descomposición del Imperio Otomano en 1918. Fue otra de las obras maestras de la Inteligencia del poder naval británico, lograr la continuidad de esa fragmentación creando Estados artificiales e ilegítimos.

Dos sistemas de intereses antagónicos se abren ante el mapa de Europa diseñado a fines de la II GM y culminado en el Tratado de Maastricht. Por un lado, la recreación de los dos polos que tradicionalmente traccionaron y dividieron la geografía europea. Por otro, un nuevo acuerdo franco-alemán. La línea divisoria entre ambos está en la evolución de las respectivas políticas interiores de ambos Estados.

En el PEAT (Polo Euroatlántico) predominará la defensa del norte contra el sur. Ello es ya perfectamente visible en la actual estrategia de la OTAN. La desaparición del enemigo principal (este, mundo eslavo, orden comunista) conducirá necesariamente a la fragmentación de esa alianza militar, de mediar un cambio en la política interior alemana, en concordancia con la francesa. En caso contrario, la OTAN actuará no ya contra el orden comunista, sino contra el desorden poscomunista, percibido por la actual dirigencia de Bonn como inviabilizador de la expansión hacia el este.

Casi nada, en casi ningún lado, parece estar bajo control. Para no reiterar la cadena de sucesos dramáticos que sacuden a África, señalemos que ni Europa Occidental ni los Estados Unidos (de hecho, la evolución económica norteamericana está cada vez más tensionada por la bifurcación entre su economía real y su economía formal) escapan a este proceso de descontrol global, que es de naturaleza estratégica.

El creciente proteccionismo, la formación de bloques y el impulso de conflictos económicos dentro del mundo de los llamados Estados poshistóricos, representó un macroproceso que se fue enlazando progresivamente con el creciente deterioro económico y social del espacio poscomunista y, sobre todo, con la situación en Oriente Medio.

Una Rusia crecientemente humillada finalmente no buscó un nuevo diálogo (un "retorno a Rapallo") con una Alemania geopolíticamente satisfecha luego de haber extendido su protectorado sobre Eslovenia, Croacia e importantes zonas de Bosnia (pero sobre todo satisfecha por haber logrado la expansión de la OTAN hacia su zona de influencia "natural": el mundo eslavo). Por primera vez en la historia, teóricamente, la flota alemana podría tener acceso al Mediterráneo a través de la costa Dálmata. Este fue uno de los grandes sueños del almirante Von Tirpitz. Y no representa precisamente el colmo de la felicidad ni para Londres ni para París.

 

UN NUEVO CONOCIMIENTO DE UN MUNDO NUEVO

Una situación internacional de emergencia

La Inteligencia, entendida como conocimiento, debiera ser una expresión altamente sofisticada de una Cultura Nacional. No puede existir Inteligencia propiamente dicha, es decir, producción de conocimiento y de autoconocimiento, en condiciones de subordinación, de dependencia o de desgarro. Una cultura que no produce pensamiento, que no dispone de "filósofos" ubicados en el nuevo mundo, reconocidos y con influencia política real, no puede producir Inteligencia y, por lo tanto, no puede generar conocimiento (autoconocimiento).

La adquisición y producción de conocimiento, y su posterior transformación en Inteligencia, debe afrontar tres grandes desafíos que se presentan simultáneamente:

*Adscribir la Inteligencia dentro de una matriz de producción de poder.

*Aprehender los cambios y mutaciones trascendentales que se producen en el objeto a estudiar, ya sea éste "interior" o "exterior".

*Desechar viejas "tecnologías ideológicas" y adoptar las nuevas formas de conocimiento que irrumpen en el mundo cultural planetario: generar inteligencia estratégica exterior, conocimiento que es necesario adquirir para sobrevivir dentro de la nueva mecánica de funcionamiento del mundo.

La crisis en el mundo desgarrado/periférico se mantiene en directa relación con los principales acontecimientos que están transformando la naturaleza de las relaciones internacionales.

Estamos viviendo una etapa que podríamos denominar de "emergencia internacional". Esto quiere decir que las políticas de apertura económica instrumentadas en la mayoría de los países -tomemos como ejemplo- de América Latina, están encontrando su propio techo. La "apertura" de la periferia es una política sin futuro porque la crisis del "centro" derivó hacia confrontaciones crecientes entre nacionalismos económicos y bloques de poder. Esas confrontaciones eliminan cualquier posibilidad de éxito de una economía "abierta" y dependiente en función de flujos económicos que ya no pueden existir.

Una política global basada en la apertura -que no sólo fué económica sino fundamentalmente cultural- y el alineamiento automático, está llegando a su fin porque no existien los beneficios que originariamente se prometieron. Porque las víctimas de esa política son mucho más numerosas que sus beneficiarios. Pero básicamente porque el techo de esa política de apertura desemboca en una crisis intercapitalista y en una situación de cambio, con decline, dentro de los propios EUA.

La supervivencia de los estados desgarrados/periféricos en el nuevo escenario internacional exige superar rápidamente todos los elementos de crisis que históricamente los convirtieron en naciones subalternas y decadentes. Ello exige la presencia de un nuevo agente histórico, un nuevo grupo social con capacidad para modificar la estructura del poder. La emergencia de esa nueva fuerza política y militar es un hecho que dependerá, básicamente, de la evolución de la situación internacional. Al ser ella "de emergencia", los problemas prioritarios que plantea son problemas ligados a la defensa.

Llamamos "emergencia internacional" a una situación de conflicto con capacidad para alterar la totalidad del cuadro global y fracturar líneas preexistentes de "cooperación internacional". En una "situación de emergencia" es imposible cualquier forma de "realismo periférico", entendiendo por tal la búsqueda de una relación de "buen trato" por parte de un Estado dependiente/periférico.

Los estados dependientes/periféricos, especialmente los que carecen de interés estratégico prioritario para el "centro", deben redefinir rápidamente sus canales de inserción internacional.

Para muchos países de la periferia, un caso típico de "emergencia internacional" fue la II GM. El bloqueo económico a que fueros sometidos numerosas zonas del mundo por parte del grupo de potencias occidentales lideradas por EUA impulsó importantes tendencias autonómicas que finalmente no lograron continuidad histórica por falencias de la estructura socioeconómica entonces vigente.

Actualmente estamos enfrentando los inicios de una nueva "emergencia internacional". Debemos tomar conciencia de que, mínimamente, será necesario retornar a un modelo con mayor capacidad autonómica de desarrollo. El actual alineamiento automático resultará catastrófico para lograr un mínimo de viabilidad nacional en situaciones de "emergencia internacional".

Un modelo autonómico de desarrollo adaptado a las circunstancias contemporáneas y en situación de "emergencia internacional" debe partir de un nuevo concepto estratégico. De un nuevo pensamiento que trate la cuestión del poder como una confluencia de espacios y voluntades, de hombres concretos y tecnologías específicas. Esto es una "geopolítica de la autonomía" entendida como "nueva tecnología dinámica"

Ese nuevo pensamiento debe abarcar el dominio de los conflictos y de los cambios, la revolución y la evolución. No hay geografía sin drama. Ello quiere decir que no puede haber pensamiento geopolítico sin sentimiento heroico de la vida. Estamos hablando de una lucha por la supervivencia que en momentos de emergencia internacional será a vida o muerte.

Este nuevo pensamiento debe incluir un diseño económico y una concepción demográfica que se encuentran en las antípodas de las concepciones hoy existentes. La economía y la demografía deberán ser asumidas como técnicas subordinadas a una concepción del poder que emerge de una mutación profunda del sistema internacional.

La crisis internacional emergente exige el mantenimiento de un modelo de Estado/nación fundado en la autonomía. Ese modelo podría garantizar la existencia de países que hoy constituyen "comunidades periféricas" en relación al núcleo del conflicto. Ello exigirá una fuerte participación política de las nuevas estructuras militares asegurarando el principio de supervivencia dentro del escenario de futuro global más probable.

Las distorsiones concretas que afectan al sistema político generan actitudes específicas del Estado en el campo internacional, y colapsan los instintos básicos de la defensa. El sistema político y la decadencia cultural que nos agobia están objetivados, y consolida a Estados y Naciones dentro de un status dependiente dentro del sistema jerárquico internacional. El Estado dependiente presupone y acepta la desigualdad. No mantiene diálogo entre iguales, porque no es reconocido.

En definitiva, hay una nueva situación estratégica hoy en el mundo. Su nacimiento y consolidación debe ser considerado como el fenómeno emergente más importante de la pos-guerra fría. Es por ello que, en un sentido muy estricto, este trabajo es una nueva propuesta para elaborar nuevas metodologías de Inteligencia Estratégica (o conocimiento del mundo) aplicadas no sólo a los nuevos conflictos que provoca la apolaridad. La propuesta está basada en la plena vigencia de dos factores básicos:

1. La intensidad y la velocidad de los cambios ocurridos en la esfera de las relaciones internacionales.

2. La posibilidad objetiva de desarrollar "proyectos nacionales alternativos" que definan sistemas de intereses "autonomizantes" y una reubicación internacional en las antípodas del hoy llamado "alineamiento automático" (tomando como exclusiva referencia a la "superpotencia" (norte)americana, y tratando al sistema internacional como si éste se comportara de manera unipolar.

La nueva Inteligencia Estratégica no nace de un acto de voluntarismo político. Sería, simplemente, la respuesta adecuada para la compresión de las hoy imperantes condiciones globales de apolaridad (disolución de la capacidad de decisión de los centros de poder).

 

Intensidad y velocidad de los cambios

La combinación de la intensidad con la velocidad de los cambios ocurridos en el sistema internacional -pocas veces visto en la historia de la humanidad- condujo a la conformación de un sistema con poderes globales diluídos (difuminados): es decir, condujo a la instalación de un sistema apolar. La creciente disolución de los poderes hegemónicos conduce a gran número de sociedades, instaladas en diferentes puntos del Planeta, a visualizar la posibilidad (alternativa) de pensarse a sí mismas independientemente de cualquier forma de alineamiento. El denominador común que une a esas sociedades es su historia: siempre anidaron en su seno atisbos de gran nación; capacidad de "poder ser".

El anticomunismo fue la ideología compulsiva tanto en Occidente como en la periferia de occidente durante la etapa de la bipolaridad (conflicto Este/Oeste). Un conjunto muy amplio de intereses nacionales quedaron sepultados bajo esa ideología durante esa etapa. No pudimos pensar ni pensarnos. No pudimos adquirir conocimiento ni autoconocimiento.

La crisis del comunismo soviético fue asimismo causa y consecuencia del nacimiento y de la consolidación del nacional-judaísmo. La "cuestión judía" influyó decisivamente desde un primer momento en el proceso de la "Revolución de Octubre". Siguió presente en la toma del poder por parte del Partido Bolchevique -cuyos dirigentes, en su gran mayoría, eran judíos-; luego en la "rusificación" del Estado Soviético (Stalin), en la invasión alemana a la URSS y en la llamada desestalinización. La desestalinización puede ser lícitamente considerada como la principal estrategia judía de la época de la guerra fría (mundo bipolar). Fue un proyecto de largo aliento que alcanza la victoria con el mismo fin de la bipolaridad; es decir con la implosión de la URSS. El Estado judío alcanza enormes beneficios con la "caída de Moscú", que se manifiestan en dos planos principalmente: en la finalización de la apoyatura soviética a los movimientos revolucionarios árabes laicos, y en la calidad y cantidad de la inmigración de judíos rusos a Israel.

Luego vino la imagen de un "Nuevo Orden Mundial" que no pudo resistir mucho tiempo el pasaje de un tiempo histórico cada vez más veloz. La efímera ideología de la unipolaridad produjo formas aberrantes de "alineamiento automático". Y, en Oriente Medio, la existencia de una ideología de Estado basada en el fundamentalismo judío.

Durante ambos períodos imperó la aceptación del "principio dependencia", aún vigente, a través del cual a la Periferia de Occidente y a otras vastas regiones del mundo se las alimenta desde el exterior; esto es, se les selecciona desde afuera el tipo de información que ellas deberían obtener del mundo y de su propia sociedad. La concepción del "alineamiento automático" fue la predominante en una época en la que se dijo que el sistema internacional funcionaba de manera "unipolar". Se suponía que tal modalidad de "alineamiento automático", adoptada por un país "menor", debería aportar beneficios positivos, por ósmosis, en todos los niveles de la vida interior de ese país, y asu vez incrementar su nivel decisional "hacia afuera".

Se sostuvo y se sostiene que cualquier actitud "disidente" con el vértice jerárquico del sistema traería perjuicios incalculables. La "socialización" (distribución) de esa actitud de la cúpula dirigente del país "menor" hacia el interior de su propia sociedad deprimió y reprimió la búsqueda de alternativas culturales diferentes a la que exigía el "alineamiento automático".

La intensidad y la velocidad de los cambios ocurridos en la esfera de lo internacional muestran ya en forma incontrastable que el funcionamiento del sistema global es esencialmente distinto al que se dijo que era.

El balance de toda una etapa histórica señala que el "alineamiento automático" no sólo no produjo beneficios, sino que generó perjuicios sustanciales en los aspectos estratégicos que determinan la vida de cualquier sociedad sana. Al producir un modelo de crecimiento con decisiones externas preestablecidas, consolida condiciones inaceptables para la dignidad histórica del hombre nacionalmente instalado, para una determinada autopercepción de la sociedad, psíquica y físicamente sana, históricamente acumulada. El "alineamiento automático" debilita, enferma, reduce, indefiende y descerebra.

 

El pensamiento ideológico ya no crea conocimiento

La constatación de ese hecho en el interior de numerosas sociedades nacionales periféricas (luego haremos una referencia específica al caso español) fue un fenómeno paralelo al nuevo tipo de conocimiento que provenía del estudio de las nuevas condiciones que incidían sobre el sistema internacional.

El pensamiento ideológico se convierte así en la negación más drástica de lo que es la generación de conocimiento. Es por eso que a una falsa visión del mundo (comunismo/anticomunismo, izquierda/derecha, Este/Oeste, etc.) se le sobrepuso un mundo con problemas reales: identidad versus globalización, conocimiento religioso versus conocimiento ideológico, casaciones de ciencia con religiosidad. En el mundo occidental y en las regiones del llamado mundo antiguo una contradicción sobresale por encima de todas las demás: judíos versus no judíos. Es una contradicción que no puede igualarse a ninguna otra en Occidente, ya que expresa con una extraordinaria capacidad de síntesis todos los elementos que en la dialéctica hegeliana se resumían como relación amo-esclavo.

El nacional-judaísmo contemporáneo es la culminación de esa dialéctica. Expresa un mundo "naturalmente" dominante asentado sobre un vasto espacio dominado. Es la teología que reemplaza a la ideología hegeliana del "amo" en dos niveles simultáneamente: en el nivel racial y en el nivel económico. Es la raza "elegida", la "clase" fundadora y el Geist del capitalismo (en verdad es su mismo "espíritu"). La gran fuerza de ciertas corrientes del Islam consiste en están deviniendo en oposición radical a la Teología de la Dominación, de la cual el nacional-judaísmo se ha constituído en su verdadera columna vertebral.

Es muy difícil encontrar oposiciones radicales a la Teología de la Dominación fuera del Islam. El progresismo occidental, agónica etapa terminal del Iluminismo, es hoy una ideología patética en la cual el lugar del Hombre, orgulloso centro y eje del viejo universo racionalista, ha sido ocupado por un ciudadano-consumidor crecientemente cretinizado, por el hombre virtual, objeto y fin de sí mismo.

La ideología ya no crea conocimiento porque vivimos plenamente no un mundo no-ideológico, sino un mundo transideológico. La epistemología es hoy una cuestión que está más cerca de la teología que de la filosofía.

La epistemología no sólo trata de la forma e intensidad en que el "sujeto" conoce al "objeto". Trata sobre las transformaciones que experimenta el sujeto en el propio proceso del conocimiento de un objeto siempre cambiante y nunca totalmente aprehensible. El sujeto se transforma (a sí mismo) durante el mismo proceso del conocimiento. El sujeto filosóficamente bipolar no puede ni debe ser el mismo sujeto que trata de comprender la disolución del poder o la apolaridad. Una nueva forma de conocimiento debe reemplazar a la anterior ideología.

El sujeto filosóficamente impotente que defiende la teoría del alineamiento automático no puede ser el mismo sujeto que proponga una nueva forma de conocimiento que reemplace la patología antes señalada.

La elección del objeto de estudio se modifica sustancialmente al modificarse los ejes a través de los cuales nos ubicamos frente al mundo. Dentro de las dos modalidades de dependencia mencionadas, el productor de información o Inteligencia, se conformaba con percibir objetos aislados.

Las nuevas confrontaciones, los nuevos conflictos crean la posibilidad de generar pensamientos abarcantes, integrados e integradores. Estos conflictos no reemplazan a los anteriores sino que los abarcan. Los viejos conflictos se expresan de manera diferente. Surgen conceptos con capacidad para seleccionar, organizar y clasificar objetos en función de nuestras nuevas (propias) necesidades. Que no son en absoluto coincidentes con las necesidades de los otros sistemas de Inteligencia, que muchos hoy, pretenden tomar como modélicos.

 

La naturaleza del sistema internacional apolar

A partir de la "caída de Moscú", comenzamos a percibir y a analizar una gran cantidad de hechos que se producían en distintas partes del planeta y en diferentes niveles de la actividad humana (económicos, políticos, militares, etc.), y tratamos de relacionar esos hechos por medio de la frecuencia de un determinado ciclo histórico. Así comenzamos a descubrir la nueva naturaleza del sistema global. En primer lugar vimos que en absoluto era unipolar: la llamada potencia hegemónica no disponía de la voluntad necesaria para enfrentar y definir los innumerables conflictos existentes. Y la derrota del comunismo soviético se transformó de inmediato en el "agujero negro" del Estado Homogéneo Universal.

Pero asimismo esa derrota produjo fenómenos esencialmente nuevos. Tanto los movimientos revolucionarios como los contrarrevolucionarios que durante la etapa bipolar habían adoptado una ideología laica y racionalista no es que en estos momentos hayan dejado de enfrentarse; lo siguen haciendo pero bajo coberturas "culturales" distintas. Durante la anterior etapa bipolar, en muchas partes del mundo occidental el "anticomunismo" estuvo corporizado por un catolicismo institucional que, en estos momentos, sostiene que el judaísmo es el hermano mayor de ambos monoteísmos. La tercera rama de los monoteísmos abrahámicos, el Islam, en diferentes grados, tiempos y lugares, también jugó un importante rol anticomunista y antisoviético. El sionismo -de origen europeo, laico y racionalista- fue asimismo una fuerza anticomunista de primera magnitud.

Esa coincidencia en la ubicación del "enemigo" ¿originó, luego, un Mundo Homogéneo?

No se necesitó mucho tiempo para constatar que el funcionamiento de ese sistema internacional pretendidamente unipolar no respondía a los estímulos de ninguna forma de polarización de las hasta ahora conocidas.

Luego de acumular una masa importante de información empírica proveniente de puntos críticos muy distantes unos de otros, y de niveles de actividad internacional muy distintos unos de otros, pudimos llegar a la conclusión de que los antiguos centros decisionales del sistema internacional estaban afectados por una disolución del poder. Ya no había "poderes hegemónicos" en el sentido tradicional de la palabra. Estábamos en presencia de un sistema apolar.

Si la naturaleza del sistema se había modificado de raíz, la primera conclusión básica que había que extraer era que, para cualquier Estado menor (periférico/excluído), existía la inconveniencia absoluta de continuar fundamentanto la totalidad de las políticas sectoriales interiores en el caduco presupuesto del "alineamiento automático". El "alineamiento automático" es la piedra fundacional de todo proyecto establecido. Afecta a la totalidad de las políticas sectoriales, inclusive en sus más mínimas palpitaciones.

La segunda conclusión lógica tiene, en sí, un peso descomunal: había que desarrollar un proyecto alternativo como única posibilidad de sobrevivir en el mundo nuevo apolar. Nos encontramos en la situación de una especie zoológica a punto de desaparecer porque se ha producido una modificación (mutación) radical en el medio ecológico.

 

Nueva metodología para elaborar Inteligencia Estratégica o conocimiento del mundo

En función de lo dicho anteriormente surge en forma natural la necesidad de modificar los parámetros para la elaboración de inteligencia estratégica.

La primera exigencia se localiza en la propia modificación objetiva que se produjo en el sistema. La segunda exigencia surge del impacto que esa modificación produce en la percepción que se tiene de uno mismo ubicado en un medio diferente. En última instancia se trata de liberar el "inconciente", ese viejo instinto básico de supervivencia.

Estar ubicado de manera distinta en un medio diferente produce la necesidad de alimentar un sistema informativo con los elementos que contribuyan a adaptar la nueva ubicación que queremos lograr en un espacio en perpetua modificación. Ello exige producir una alteración esencial en la jerarquización de los problemas que comienzan a ser importantes, para así asegurar la permanencia de los espacios nacionales y su supervivencia diferenciada.

De día en día se hace más claro que la única -o la más importante- posibilidad de supervivencia en la nueva situación internacional afectada por una creciente disolución del poder (apolaridad) sólo se puede generar a partir de una nueva "posición", que en el mundo unipolar se llamaba transgresión.

Una nueva Inteligencia será entendida como base de un nuevo conocimiento de un objeto nuevo. Según percibimos al mundo nos percibimos a nosotros mismos. El mundo es lo que es, pero es también lo que nosotros pensamos que somos. Y según nos percibamos a nosotros mismos realizaremos, conciente o inconcientemente, una y no otra selección de información. Luego construiremos una y no otra organización de Inteligencia. A partir de allí terminaremos produciendo un específico tipo de conocimiento. Finalmente terminaremos distribuyéndolo socialmente (socializándolo) de manera que produzca efectos positivos en la expansión de la matriz de producción de poder (y no despilfarrándolo como conocimiento de y para grupos privados a cambio de la obtención de beneficios económicos y/o políticos).

La selección de la información está siempre relacionada, es dependiente de causa a efecto, con una determinada concepción del mundo (Weltanschauung) y con una determinada autoubicación respecto de él. El tipo de información sobre la que construiremos nuestro conocimiento del mundo depende de la forma en cómo vemos al mundo y, consiguientemente, de la forma en cómo nos vemos a nosotros mismos.

La geopolítica clásica utiliza el concepto valor de situación para definir una posición vista tanto desde su exterior como desde su interior. El valor de situación no es un mero dato geográfico, es también la forma en cómo nos perciben y la forma en cómo nos percibimos. Es un concepto que tiene equivalencias directas en casi todas las ciencias del hombre, y en especial en la psicología.

Lo que importa es que el conocimiento del mundo que nos debería aportar un sistema bien estructurado de Inteligencia estratégica, hoy, debería seleccionar las informaciones de tal manera que el tipo de conocimiento que se obtenga de ellas contribuya positivamente al desarrollo de una matriz de producción de poder.

Pensar en la relación nosotros/mundo (yo/otro) en términos de poder significa plantear la necesidad insoslayable de desarrollar una política nacional y un modelo de país alternativos.

 

Las nuevas formas del conocimiento

Están relacionadas con una gran "revolución cultural" mundial que está a punto de parir inumerables nuevas criaturas. Todas ellas serán el producto de la aceptación, en contra del viejo racionalismo europeo, de que son necesarias nuevas formas de conocimiento. Las viejas matrices de la ciencia ilustrada distorsionan en vez de explicar este mundo en que vivimos.

Vamos hacia un nuevo espacio de conocimiento. Hacia una compatibilización de universos hasta ahora incompatibles por el efecto distorsionador de la colonización positivista. La forma científica de conocer y explicar al mundo ya no puede estar segmentada de las otras formas del conocimiento, en especial, de la religiosa, de la artística y de la aún mal definida "psicología del inconciente". La estética, las tradiciones, la ética y la fe son ya formas específicas "positivas" de conocimiento.

La fragmentación del "pensamiento científico" de las otras formas del conocimiento fue una exigencia de una determinada evolución histórica, a través de la cual el mundo del iluminismo europeo coloniza multidimensionalmente -en lo cultural, en lo económico, en lo político, en lo epistemológico, etc.- al "resto del mundo", incluídos vastos sectores de su propio mundo proletario-industrial.

La mera secesión geopolítica de la periferia respecto del centro sería una solución transitoria si no estuviese acompañada por la creación de una nueva forma de conocimiento superadora de la matriz racionalista/iluminista originaria del mundo europeo.

Las nuevas formas del conocimiento surgen de la fractura de tres grandes "espacios tradicionales de conocimiento": El espacio marxista, el espacio weberiano y el espacio freudiano.

Hay una misma actitud en Marx y en Freud. Ambos pretenden reprimir el pasado. El primero lo visualiza bajo la forma de "feudalismo", o de "producción asiática", el segundo lo señala como "inconciente". Marx impulsó y defendió la primera gran globalización económica que realiza el mundo capitalista. Freud sostuvo hasta sus últimos días la primacía de lo "conciente" (bueno) sobre lo "inconciente" (malo), relegando lo inconciente a una especie de prehistoria de lo individual, a la que es necesario "racionalizar", es decir, reprimir. La Razón había ocupado el lugar de los "viejos dioses".

Ya ha sido señalado por numerosos autores -algunos como hecho positivo y otros como negativo: la cultura occidental se racionaliza en el sentido judaico que tiene el concepto "racional". La cultura que en Occidente se llama occidental es, en esencia, una cultura de raíz judía o judeo-cristiana con preeminencia judía, como ha sido explícitamente aceptado por el catolicismo institucional y, de hecho, desde hace ya mucho tiempo, por la mayoría de las Iglesias que tienen su origen en Lutero y en Calvino.

La historia del populismo ruso del siglo XIX se desarrolla por encima de determinadas formas productivas subalternizadas por Marx con el epíteto de "asiáticas": ellas son reivindicadas y hubiesen podido constituir las bases naturales de un socialismo "no científico", sin necesidad de destruir los tejidos sociales y culturales preexistentes. Es necesario decirlo claramente: la introducción del marxismo/leninismo fue una desgracia excepcional en la desgraciada historia de Rusia. En términos reales significó el fin de una revolución original, de base campesina, comunitaria, según lo proponían desde Herzen hasta la Narodnadya Volia.

Dentro del mundo occidental se desarrolaron otras formas de destrucción, basadas en la percepción de Freud por la cual el inconciente es el objeto central a reprimir. El inconciente freudiano es el feudalismo marxista, es algo que no tiene futuro, es un sector del cerebro o de la sociedad organizado a partir de células muertas. Es, como dice el filósofo judío-marxista-alemán Ernst Bloch, un sueño nocturno (El Principio Esperanza).

El inconciente freudiano pertenece al pasado. La tarea del psicoanálisis consiste en traerlo hasta el presente. El inconciente, para Freud, no es una forma de conocimiento que va despertando con contenidos nuevos, sino una conciencia anterior con contenidos también anteriores. El feudalismo para Marx es una forma aberrante de producción, una enfermedad sólo superable con la victoria del capitalismo.

El psicoanálisis fija en el inconciente la fuente de todas las enfermedades del espíritu, porque el inconciente queda ligado al pasado. Se esfuerza por hacer conciente lo inconciente, es decir, por impulsar el pasado hacia el presente. De allí nace la industria del psicoanálisis bajo cualquiera de las escuelas que desde hace mucho tiempo se disputan el mercado occidental de almas. De lo que se trata es de ajustar al individuo a este presente.

Marx negó enfáticamente la posibilidad de que Rusia pudiese realizar un tránsito de sus ancestrales formas productivas comunitarias hacia un socialismo moderno, sin antes pasar por la etapa capitalista. El capitalismo ruso se realizó bajo la forma de capitalismo de Estado y la colectivización agraria destruyó integralmente un espesor cultural positivo acumulado durante más de mil años. El marxismo/leninismo fue una de las caras del iluminismo cientificista.

Freud visualiza al inconciente no como una imagen que pre/dice el futuro, sino como una irracionalidad, como el origen de la enfermedad, que debe ser superada y reducida para adaptar al individuo al presente. Ello señala la raíz esencialmente conservadora de la teoría psicoanalítica: es un cientificismo que trabaja con el pasado y no con el futuro, con los sueños nocturnos y no con lo sueños diurnos.

El nuevo espacio del conocimiento en tanto revolución cultural ya anunciada, necesita recuperar la figura del inconciente no como lo olvidado que debe recordarse, sino como lo todavía-no-conciente. Ese gran heterodoxo del pensamiento filosófico que fue Ernst Bloch lo intuyó certeramente hacia finales de la década del 30: "No hay todavía una psicología del inconciente del otro lado, del lado del entrever hacia adelante. Este inconciente ha quedado ignorado, a pesar de que representa el espacio en sentido propio de la disposición hacia lo nuevo y de la producción de lo nuevo".

El psicoanálisis "oficial" terminó siendo una de las principales herramientas culturales en el proceso de autoperpetuación en el poder de las clases dominantes en Occidente. Y el marxismo/leninismo terminó generando en Rusia un estrato gerencial mafioso con aspiraciones a burguesía; y en Occidente una subclase proveedora de servicios de la burguesía dominante

La pretención de concientizar el inconciente, en tanto superstición positivista, fue lo que imposibilitó que el psicoanálisis se transformara en la ciencia básica del "hombre nuevo". La negación del inconciente como realidad positiva fue un lastre iluminista y racionalista. Bloch propone de que el inconciente se entienda como una de las maneras que adopta el conocimiento, especialmente cuando éste se produce bajo la forma de la Fe o del arte. "En esta dirección está dispuesto el sueño hacia adelante, con ello se halla saturado el todavía-no-conciente como forma de conciencia de lo que se aproxima; el sujeto no olfatea aquí el aire viciado de un sótano, sino el aire fresco del amanecer" (Ernst Bloch, El Principio Esperanza).

 

Inteligencia nacional versus comunidad informativa occidental

Se ha dicho que la Inteligencia es la forma más alta y perfecta que puede adquirir la política y el pensamiento político, y de hecho ha sido así en las etapas de esplendor de las grandes civilizaciones. Naturalmente no es este el caso de las sociedadas excluídas. Por ello debemos puntualizar algunas definiciones básicas y modestas.

Definiremos "Inteligencia" como la capacidad que tienen los Estados u otros actores sociales sociales (étnico-sociales) para comprender al mundo que los contiene y comprenderse a sí mismos en la constante interacción que exige la vida internacional contemporánea. No es una tarea que necesariamente exija alinearse con el mundo. Por el contrario, puede presuponer enfrentarse con él. La mayoría de las veces relacionarse con él, significa no esclavizarse ni siquiera plegarse a él.

De allí se desprende como algo lógico que no puede existir "la" Inteligencia sino "las" Inteligencias. La capacidad de conocimiento, entendida como prólogo a la capacidad de actuar (conocer el hecho no para adaptarse miserablemente a él sino para enfrentarlo y trans/formarlo), no puede ser independiente ni del tiempo ni del espacio. En especial no puede ser independiente de la cultura específica (antropológica) que expresa.

Los principales Estados, aquellos que tienen algún grado de hegemonía, modifican permanentemente la metodología empleada en la captación de informaciones, al mismo ritmo en que se modifica la naturaleza del objeto a ser comprendido. Para nuestro aquí y ahora, las modificaciones en la naturaleza de las relaciones internacionales son, o deberían ser, el gran regulador metodológico de la organización de la actividad informativa, esto es, de la metodología utilizada por los servicios centrales de inteligencia para captar información auténtica y de primera mano.

Cada país hace Inteligencia según como se percibe a sí mismo en relación con los demás. La actividad de Inteligencia es un instrumento preciso y complejo que mide el concepto que cada país tiene de sí mismo. Es su miseria o es su grandeza.

La Inteligencia es el reflejo de la capacidad cultural que dispone una comunidad. Es, o debería ser, la expresión más refinada de su "filosofía nacional". Naturalmente la inteligencia debería ser una actividad reservada a sujetos inteligentes. Debería ser el producto de cerebros independientes, creativos y audaces en áreas relevantes, tanto dentro como fuera del gobierno. Ello suele ser así en los países con vocación hegemónica, o en aquellos que se encuentran en un ciclo de esplendor histórico (crecimiento político). Suele suceder lo contrario con los países con vocación de pequeñez y de servilismo.

En relación a estos últimos se observa un fenómeno permamente, ya que todos ellos se encuentran en definitiva en regiones periféricas, aunque su ubicación geográfica parezca indicar lo contrario. Es precisamente en la vital actividad de inteligencia donde con más claridad se manifiesta no la ubicación central de esos Estados- tanto desde el punto de vista histórico-cultural como geográfico- sino la profunda vocación atlantista de una cantidad peligrosamente numerosa de sus grupos dirigentes.

Su actividad de inteligencia en áreas vitales para su seguridad nacional -como por ejemplo el Oriente Medio- está absolutamente alineada -y alienada- a una visión occidentalista extrema, al punto que los servicios de inteligencia norteamericanos y, en esta área específica, los israelíes, seleccionan previamente el tipo de información que esos Estados adquieren sobre Medio Oriente.

La mecánica a través de la cual funciona ese control supranacional y anticonstitucional sobre la inteligencia es muy simple. Los grupos israelíes y norteamericanos manipulan a los estamentos intermedios del servicio, es decir a los expertos en Oriente Medio, en este caso -con sobornos u otros medios-, e impiden que existan otros accesos de flujo informativo que contradigan la estrategia norteamericano-israelí sobre la región. Esos estamentos, y a través de ellos la completa actividad de una inteligencia que debiera ser nacional, se niegan a recibir información directa y fideligna de los actores del proceso regional que ya fueron previamente "excomulgados" por Jerusalén y Washington. A partir de allí la Nación desaparece de la escena, se convierte en un apéndice de tercer nivel dentro del bloque al cual pretende adscribirse.

La Inteligencia es causa y efecto de un pensamiento nacional. La Inteligencia es la consecuencia del conocimiento (en ningún caso su causa), y la calidad de ambos definirá con toda precisión quién es cada país y quién es quién dentro de cada país.

La Inteligencia no puede ser concebida sino como uno de los principales factores integrantes de una "matriz de producción de poder". La Inteligencia tiene por función máxima generar poder a través de una preparación adecuada del conocimiento exacto que se necesita en el aquí y ahora nacionales.

La Inteligencia así ubicada en una "matriz de producción de poder" sólo puede ser concebida como un todo orgánico: no puede haber compartimientos estancos (sólo diferenciaciones funcionales) entre inteligencia interior e inteligencia exterior, ni entre ineligencia táctica e inteligencia estratégica, ni entre inteligencia civil o inteligencia militar.

La Inteligencia debe ser el sistema superior de conocimiento que se estructure a nivel de Estado. La Inteligencia es el máximo grado de complejidad que puede alcanzar la institucionalización de un pensamiento científico interdisciplinario con vocación nacional, es decir, orientado a la diferenciación, es decir, a la supervivencia. Debe ser un pensamiento complejo no sólo para entender a un mundo complejo. Debe ser un pensamiento concebido para diferenciar y complejizar al espacio nacional respecto de otros.

El Estado/nación (o la tribu, o el imperio o el área cultural diferenciada, o cualquiera sea el parámetro que nos defina) es un "sistema" cuya supervivencia depende de las evoluciones de un "entorno" (resto del mundo). Las constantes modificaciones que sufre el "entorno" exigen diferentes respuestas por parte del "sistema". Cuando el "sistema" no está en condiciones de responder a los cambios que se operan en su entorno, en ese momento el sistema (la comunidad nacional o el Estado/nación, o la tribu) desaparece, se "gasifica, se licúa en el entorno. A partir de allí crecen en su interior los factores centrifugantes de su "unidad nacional". En este caso, se afianza la "barbarie" que representa el retorno de los "Estados visigodos".

En definitiva, lo que diferencia a un Estado central de otro periférico es la calidad de la información que elabora su servicio central de inteligencia. Los primeros abren todos los canales "de entrada" (input) posibles, en especial aquellos que contradicen las estrategias dominantes. Ello es vital para lograr diferenciación internacional, esto es, supervivencia nacional. Los Estados periféricos, en cambio cierran los canales de entrada, al ritmo exacto de las estrategias dominantes. Esa actitud es el prólogo inequívoco de una desintegración nacional inminente y evidente.

 

La Inteligencia entendida como "capacidad de anticipación" dentro de la "Teoría de los Procesos Irreversibles"

Los físicos ubican a la Termodinámica como modelo de "proceso irreversible". Casi ninguna "ciencia social" ha adoptado sistemáticamente ese modelo, lo que resulta teóricamente incomprensible, ya que las ciencias sociales deberían trabajar con objetos que por definición son "procesos irreversibles". La naturaleza de los procesos sociales es su irreversibilidad. Absolutamente todo proceso social es irreversible.

Al igual que en termodinámica, el tiempo es la variable capital. Así, la segunda ley de la termodinámica -entropía- es integralmente aplicable a cualquier sistema social. Todo sistema social pierde energía con el tiempo. Todo sistema social o termodinámico tiene pérdidas de energía: es entrópico por naturaleza. El mantenimiento de las constantes vitales del sistema, en esas condiciones, exige una constante alimentación, que en nuestro modelo será dada a través de la Anticipación o Inteligencia.

La Anticipación es una de las características principales que utiliza el "sistema" para diferenciarse del entorno. El objeto de la Anticipación es alimentar a la Diferenciación como única alternativa de supervivencia. En el límite de la no/diferenciación está la muerte. Un organismo o un sistema existe sólo si se diferencia.

Definiremos como "sistema social" a la organización específica que adopta un grupo de hombres que intercambia masa, energía e información con el resto del mundo. Fuera de las ciencias físicas, la masa es la capacidad global para producir poder, la energía es la forma en cómo ese poder se re/produce (fuentes de generación de ese poder), y la información es el modo en que el sistema conoce al entorno (conociéndose a sí mismo y des/informando al entorno)

La alimentación del sistema, su defensa permanente contra el frío entrópico (decadencia) , tiene por objeto primordial mantener y/o incrementar el grado de diferenciación del sistema (Estado o tribu), respecto del entorno (resto del mundo). Sin esa diferenciación, sistema y entorno sería un todo continuo. No existiría el Estado /nación, ni siquiera bajo la forma genérica de "pueblo" o "cultura". Sencillamente no existiríamos. Cuanto mayor sea la diferenciación, mayor será la capacidad del sistema para extraer poder del entorno.

Toda diferenciación implica un conflicto. La existencia de conflicto entre sistema y entorno nos habla de la vitalidad del sistema. El sistema, para sobrevivir, debe determinar la naturaleza del conflicto con su entorno, debe decidir sobre el tipo de conflicto que desea mantener con el entorno. Si desaparece el conflicto, desaparece la vida. El entorno percibe al sistema sólo si éste logra diferenciarse. Obviamente, el entorno tenderá a reprimir la diferenciación del sistema.

Pero sucede que en el entorno está instalada la incertidumbre (la apolaridad), como ha quedado demostrado en Europa a partir de las últimas elecciones parlamentarias francesas y desde el conflicto irreversible planteado entre el gobierno federal y el Bundesbank alemán. Esto quiere decir que gran parte de su capacidad del entorno para reprimir al sistema está anulada. La impotencia creciente del entorno respecto de la capacidad de diferenciación del sistema le hace posible al sistema retroalimentarse a través de la Anticipación, esto es, de la Inteligencia. La Inteligencia se convierte -o debería convertirse- en el principal alimentador de un sistema por naturaleza entrópico. Cuanto más incierto es un entorno, más complejo debe ser un sistema, la complejidad es la defensa del sistema ante un entorno incierto pero también agresivo. La incertidumbre (agresión) debe conducir al incremento de su capacidad de anticipación. La capacidad de anticipación es directamente proporcional a la producción de poder, y la producción de poder depende de la calidad de la Inteligencia.

La incertidumbre instalada en el interior del entorno significa que los parámetros de adaptación del sistema al entorno cambian constantemente. Para adaptarse a esos cambios, es decir para sobrevivir, el sistema debe autoreorganizarse en forma permanente. La mayoría de las veces, la supervivencia sólo se alcanza al lograr una "rebelión" contra el entorno.

Toda rebelión del sistema contra un entorno incierto permite la supervivencia del sistema. Toda rebelión es una "catástrofe" en términos de ingeniería y de evolución genética, esto es, una bifurcación. Es la ruptura de la linealidad, es el imperio de lo no lineal. Se deben producir tantas catástrofes (bifurcaciones) cuantas necesidades de adaptación surjan para asegurar la permanencia del sistema.

Las catástrofes permiten que el intercambio de masa, energía e información entre el sistema y su entorno se realice en beneficio de la diferenciación del sistema. Para ello debe existir una específica capacidad de anticipación que actúe como alimentación para estar en capacidad de oponer al sistema a la entropía del entorno.

 

"Entorno" y "sistema" entendido como sistema comunicacional

Elegir pertenecer a un sistema significa definir la "frontera" que nos separa de su entorno. Se trata de una superficie permeable al paso de informaciones en las dos direcciones: del sistema al entorno y del entorno al sistema.

La información que va del sistema al entorno es uno de los canales centrales de la "pérdida de energía del sistema". Se trata de un canal con muchas bandas: la información sale del sistema a través de la politica exterior, la inteligencia, la contrainteligencia, a través de empresas y servicios de inteligencia previamente subsidiarizados, al servicio de otros Estados o grupos de Estados, etc. La salida de información, así verificada, desenergiza al sistema, le quita poder.

La información que va del entorno al sistema también es de naturaleza múltiple. Se origina en distintos otros "sistemas" (Estados), organizaciones económicas internacionales, empresas multinacionales, distintos grupos de presión, etc. El tipo de información que entra al sistema desde el entorno tiene por objeto desdibujar las fronteras sistema/entorno y limitar al máximo las posibilidades del sistema para desarrollar su complejidad, es decir, su diferenciación.

En la periferia el intercambio comunicacional entre la parte y el todo, entre el Estado/tribu/nación y el Resto del Mundo, es doblemente entrópico. El sistema pierde energía cuando envía sus mensajes y cuando recibe los mensajes.

Ello es así por el sistema es un "sistema dependiente". Lo que significa que no ha logrado la suficiente diversidad de comportamiento respecto del entorno. Los mensajes que envía al entorno no logran penetrar la presión del "ruido" que produce el entorno. Su energía decreciente no logra producir mensajes con la suficiente redundancia. De tal manera, los sensores del entorno no son capaces de registrar los mensajes del sistema. Así, para el entorno, ese sistema no existe. No existe porque no es sensorializado, y no es sensorializado porque el mensaje emitido es débil.

La no sensorialización del sistema por parte del entorno significa con absoluta claridad que el sistema se debe reorganizar a sí mismo con el objeto de producir mensajes (información) lo suficientemente nítidas como para atravesar el ruido de un entorno sumido en la incertidumbre. La otra opción, inexorable, es la extinción del sistema, su absorción por el ruido y otras incertidumbres del entorno.

El tipo y la forma de Inteligencia -y de su contrapartida, la Contrainteligencia- que estamos tratando de definir como necesaria para la subsistencia tiene por función: a) unificar el mensaje del sistema y darle la redundancia (volumen) suficiente para atravesar el ruido que produce la incertidumbre del entorno y, b) producir una distorsión en los mensajes emitidos por el entorno (Contrainteligencia) de manera de protejer el proceso de diferenciación interior, que es el único escudo existente contra el incremento de la entropía del sistema que provoca su situación dependiente.

Uno de los mecanismos contemporáneos que más influyen en la desenergización de los sistemas (dependientes) está constituído por las acciones de los grandes centros educativos, como el Massachusetts Institute of Tecnology y la Harvard University. En esas instituciones, y en otras similares, los alumnos provenientes de universidades ubicadas en países periféricos son sometidos a procesos neoconductistas basados en investigaciones sobre procesos cerebrales que finalmente conducen a dotar de capacidad de gerenciamiento sobre procesos sociales llamados de "reingeniería". La reingeniería busca nuevos modelos de organización social, dando por supuesto de que en los individuos se ha producido una ruptura con las "tradiciones". Los individuos están desarraigados y por lo tanto ya no piensan, pueder ser conducidos, son intercambiables.

Esos individuos así reconstituídos luego serán los encargados de gestionar al Estado subalterno.

La forma de producir inteligencia es, o debe ser, distinta y hasta contradictoria respecto de países que ocupan diferentes posiciones jerárquicas en el (des)orden internacional.

La forma de producir Inteligencia debe reflejar con extrema exactitud la naturaleza de la Idea que anima a un país. Esta puede estar estructurada en función de aceptar una posición subalterna y miserable en el mundo. O bien puede expresar una voluntad nacional con un contenido muy diferente. En ese caso la Inteligencia debe estar orientada a producir conocimiento destinado a modificar esa actual posición subalterna.




Notas

1.  "Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante". Marx, La Ideología alemana, Feuerbach, contraposición entre la concepción materialista e idealista. 

2.  El dominio y la sumisión son los dos polos inexorables del movimiento de la historia. No hay liberación para todos. Sólo para los oprimidos, que se "liberan" oprimiento a su opresor. Esa definición se autoexcluye, así, de pertenecer al cuerpo dogmático de los que sostienen un "fin de la historia". El final de la historia fue inicialmente planteado por el pensamiento religioso del "mundo antiguo". Fue el rasgo distintivo del judaísmo, que percibe el fin de la historia como el retorno del Mesías producido por la acción del pueblo elegido en la tierra prometida. Los cristianos y los musulmanes acentúan la Parusía como cierre de los movimientos históricos. En el mundo occidental dos son los grandes sistemas de pensamiento que pivotan sobre el cierre de la historia: el marxismo y el neoliberalismo, a partir de la sociedad sin clases, uno, y del ciudadano satisfecho, otro. Sólo la polarización dominio/esclavitud deja abierta la historia, especialmente en las tres dimensiones dramáticas que siempre tuvo la vida humana: infinitud, injusticia y revolución.

3.  Desde sus mismos orígenes los judíos se percibieron a sí mismos como raza diferenciada, es decir, como pueblo elegido. Siempre acentuando tanto los rasgos físicos de diferenciación (la genealogía) cuanto los rasgos culturales, es decir, religiosos. El pueblo judío está conectado entre sí y se sustenta a lo largo de la historia por la presencia del "un Libro" que fue adoptado por varias etnias y razas, familiarmente unidas entre sí. Sin embargo hoy hay una etnia-raza dominante -la esquenazi- dentro del judaísmo, que se manifestó como tal a partir de la terrenalización del judaísmo, es decir, a partir de la construcción (política) del Estado de Israel. Esa relación entre dominación y sumisión -tan temida por tantos judíos religiosos no sionistas- dentro del mundo judío contemporáneo, es la base de los conflictos que actualmente sacuden a la sociedad y al Estado de Israel. La enorme fuerza que a lo largo de la historia propició la supervivencia del pueblo-raza judío -y la decadencia de otros, como los "arios"- está llegando a su fin: la teología se empantanó en la historia.

4.  Reyes Mate, Memoria de Occidente, actualidad de pensadores judíos olvidados, Anthropos, Barcelona, 1997, pag. 167.

5.  Ernst Nolte, Nietzsche y el nietzscheanismo, Alianza, Madrid, 1995, p. 116.



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"Israel en tanto que estado judío constituye un peligro no sólo para sí mismo y sus habitantes sino para todos los judíos y para todos los demás pueblos y estados de Oriente Medio y de más allá de esta región."

- Prof. Israel Shahak, autor antisionista israelí.


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